Los médicos también curan con la palabra

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Un pediatra experto en oratoria describe en su último libro el poder terapéutico de la buena comunicación entre los profesionales de la salud y los pacientes. Una habilidad que se puede aprender y que los enfermos no deben dejar de esperar al ser atendidos.
Mirar a los ojos, sonreír, escuchar con atención... son cuestiones tan básicas de la comunicación humana que parece, en principio, una obviedad decir lo importantes que resultan a la hora de elegir en manos de quién poner nuestra salud.­
 
Y, sin embargo, junto a los grandes avances en diagnóstico y tratamiento de enfermedades y las nuevas pautas que han fijado los sistemas de medicina prepaga, es posible advertir una deshumanización de la atención sanitaria: estas premisas elementales de la comunicación pasaron a un tercer plano.­
 
Corridos por los tiempos, la necesidad de completar formularios o, simplemente, por desconocer la trascendencia que tiene para un paciente lograr una buen diálogo con su médico, no son pocos los profesionales de la salud que parecen autómatas, sin registro del ser humano que se sienta del otro lado de su escritorio.­
 
Sobre esta realidad tan actual escribe en el libro `La palabra del médico' (libros del Zorzal), el doctor Ignacio Di Bártolo, pediatra y presidente honorario de la Academia Privada de Oratoria Contemporánea (APOC).­
 
La inquietud de este profesional por la importancia de la palabra del médico surgió precisamente después de haberse convertido en paciente, al ser diagnosticado con un cáncer de próstata.­
 
Di Bártolo relata en su libro cómo la angustia y desorientación que sintió por haberse sometido a un tratamiento fallido fueron revertidas al dar con una médica cuya palabra le dio la esperanza de cambiar su desalentador pronóstico. "Me sentí protegido, seguro, feliz", confiesa el agradecido pediatra -hoy curado del cáncer- luego de someterse a una novedosa terapia. "Reconforta saber que la medicina puede ser la manifestación más pura del amor humano", completa, tras destacar el acompañamiento, consuelo y alivio que recibió por parte del equipo médico que lo atendió en aquel momento crucial de su vida.­
 
 
VALOR TERAPÉUTICO­
 
A lo largo de los cuatro capítulos del libro, Di Bártolo aborda las distintas dimensiones de la palabra del médico: en la intimidad del consultorio, en la actividad docente, en la vida social y al final del camino.­
 
La obra está dirigida no sólo a los médicos, a quienes brinda un resumen de las técnicas en materia de comunicación que pueden aprender para implementar en la actividad docente y social, sino también a los pacientes a quienes "necesita decirles lo que deben esperar de su médico, porque en algún momento de sus vidas eso será esencial".­
 
En opinión de este experto, que considera la oratoria como su segunda vocación, la confianza y la credibilidad que inspira el médico constituyen los pilares de la relación con los pacientes.­
 
"Los gestos y las palabras correctamente empleadas y atentamente escuchadas adquieren valor terapéutico y se convierten en un factor clave en la estrategia asistencial", remarca.­
 
Un médico seguro, sonriente, empático y comprensivo tiene un valor incalculable en la compañía, el consuelo, el alivio y, muchas veces, la curación del paciente grave, insiste Di Bártolo. "Que su palabra tiene propiedades terapéuticas ha sido repetidamente probado en la bibliografía profesional", añade.­
 
 
ASIGNATURA PENDIENTE­
 
Si bien reconoce que para algunos el don de saber comunicar es algo innato, aclara que el buen uso de la palabra del médico es una habilidad que puede aprenderse.­
 
En ese sentido, contrasta la importancia vital que tiene el tema con la poca atención que habitualmente se le dispensa en los ámbitos académicos en nuestro país, mientras que en otros países ya forma parte de las competencias básicas de la formación médica.­
 
"En nuestras universidades debería enfatizarse la necesidad de una enseñanza formal y sistematizada en comunicación. De esa manera, se lograría en el alumno la inquietud que sobre el tema puede concretarse cuando le toque en la práctica la asistencia directa con los pacientes", subraya.­
 
Según apunta Di Bártolo, con el uso de habilidades de comunicación efectiva en Estados Unidos y algunos países de Europa se busca aumentar la precisión diagnóstica, la eficiencia en términos de adherencia al tratamiento y la construcción de un apoyo para el paciente.­
 
"El foco de la entrevista no está centrado en el médico ni en el paciente, sino en la relación entre ambos", enfatiza. ­
 
El pediatra experto en oratoria hace hincapié en que la capacitación en comunicación no pretende únicamente mejorar los aspectos psicológicos de la atención sino que "existen estudios que demuestran con claridad que mejorando la comunicación también mejoran los resultados fisiológicos".­
 
Incluso menciona un estudio en el que se comprobó que un mayor acuerdo y comprensión de la importancia de la comunicación con el médico mejoraba en forma notable la adherencia de los pacientes al tratamiento.­
 
 
EL TIEMPO APREMIA­
 
Di Bártolo advierte que en la actualidad, la mayoría de las veces, los médicos están condenados a respetar la tiranía del tiempo. "Quizá el principal escollo que debe superarse para privilegiar la comunicación del médico con su paciente es el factor tiempo, que siempre apremia", asegura.­
 
Por eso sostiene que si se quiere mejorar la comunicación en medicina, es clave resolver el problema de cómo disponer de un sistema que permita que los clínicos cuenten con el tiempo necesario para aprender, manejar y mantener la habilidad de interactuar con sus pacientes. "Es preocupante considerar que el sistema presiona para lograr mayor eficiencia numérica. Las consultas son habitualmente demasiado cortas para efectuar bien el trabajo desde la perspectiva de la comunicación médica", remarca.­
 
Por otra parte, el especialista se refiere a los cambios que ha experimentado la comunicación entre el médico y el paciente a lo largo de su vida. "El paso del modelo paternalista al autonomista se hizo cada vez más notorio y universal", afirma para luego detallar: "El enfermo, que tradicionalmente había sido considerado como receptor pasivo de las decisiones que el médico tomaba en su nombre y por su bien, se fue transformando en un ser humano con derechos bien definidos y capacidad de decisión autónoma sobre los procedimientos diagnósticos y terapéuticos que se le ofrecen y que ya no se le imponen".­
 
En tanto, pone de manifiesto que el médico "paternalista y protector inobjetable se fue transformando en un asesor digno de respeto que pone a consideración de sus pacientes sus conocimientos y consejos, pero que no asume las decisiones que estos toman".­
 
Asimismo, expresa que la relación clínica pasó de ser bipolar y vertical a horizontalizarse y adaptarse a las relaciones propias de sujetos adultos en sociedades democráticas. "El médico propone, pero es el enfermo el que dispone", sintetiza.­
 
 
MEDIOS VS. MÉDICOS­
 
Para Di Bártolo, al hacerse posible disponer de su propia salud, el paciente asume una responsabilidad que está por encima de sus conocimientos. "Busca entonces información urgente y descontrolada que puede llevarlo por caminos equivocados. El volumen informativo que puede manejar desde su casa es enorme. Internet, los diarios, las revistas y la televisión generan espacios dedicados a temas médicos complejos en general con simplificaciones adecuadas a su público y, muchas veces, peligrosas", puntualiza.­
 
Es así que con frecuencia el paciente se presenta ante su médico haciendo preguntas específicas sobre los métodos de diagnóstico y las conductas terapéuticas, prosigue el autor de `La palabra del médico'. "En muchas oportunidades cuestiona las decisiones de un profesional competente. El argumento es: `Si está en los medios, debe ser cierto'. De ahí la importancia de que la palabra del médico en la intimidad del consultorio tenga mucho más valor que la que se escucha en los medios masivos de comunicación irresponsable", resume.­
 
Di Bártolo también se detiene a resaltar la importancia de las distintas formas de comunicación y hace hincapié en que el mensaje está sobre todo dirigido a los médicos jóvenes que no aprecian la trascendencia de la comunicación verbal y gestual, mirando al paciente a los ojos y escuchándolo con la máxima atención exponer sus inquietudes y el motivo de su consulta. "El consultorio debe ser un recinto inviolable, un diálogo íntimo y personal que no debe ser perturbado ni interrumpido. Es un ideal difícil de cumplir, pero posible de mejorar", finaliza.
 
Fuente: laprensa.com.ar 22/10/2017
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