Hacia un sistema de salud que dé respuestas

Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en WhatsApp

Es de esperar que ningún interés mezquino, ideológico, partidario o corporativo se imponga a la instrumentación de una verdadera cobertura universal.
Las interminables hileras de personas que, durante las madrugadas, esperan conseguir un turno médico, que no siempre se obtiene por culpa de la sobredemanda en los hospitales públicos; las quejas de la población más vulnerable sobre la enorme distancia que existe entre los centros sanitarios y sus viviendas; la falta de unificación de datos del historial clínico de cada paciente; la despersonalización; la desatención, y, en definitiva, el triste acostumbramiento a padecer porque las respuestas nunca llegan. Esta breve enumeración da cuenta de que, lamentablemente, la atención pública sanitaria en nuestro país ha dejado y deja mucho que desear.
 
Como producto de una innumerable superposición de programas, de parches administrativos, de clientelismo prebendario y, desde ya, de una sistemática malversación de fondos, el sistema público de salud ha venido decayendo en nuestro país de manera constante y alarmante.
 
 
Hace apenas unos días, el gobierno nacional lanzó la Cobertura Universal de Salud (CUS). Lo hizo mediante un decreto de necesidad y urgencia, con la finalidad -según reza su propio texto- de asegurar el acceso de la población a servicios de calidad integrados y basados en la atención primaria de la salud. Está dirigido a un universo de 15 millones de personas que se atienden en hospitales y no tienen cobertura por obras sociales sindicales ni empresas de medicina prepaga.
 
Entre sus principales características, figuran el otorgamiento de turnos a través de una línea telefónica gratuita, en primera instancia, y más adelante de forma online. También, el seguimiento individualizado de cada paciente por parte de un médico de cabecera y la digitalización de la historia clínica personal, con acceso a esos datos desde cualquier lugar del país. Incluye, además, la inversión en equipos para los centros de salud más pequeños, de manera tal que el paciente no necesariamente deba trasladarse hasta un hospital.
 
En todos los casos, la cobertura será gratuita. Es decir, se podrá atender toda la población, pero cuando el paciente cuente con una cobertura privada o de obra social y se atienda en un hospital público, este sistema realizará el correspondiente cobro a la entidad que correspondiere.
 
Paralelamente, las autoridades nacionales anunciaron que la CUS permitirá conectar a los médicos de cada municipio con hospitales de cabecera de provincia y con los de alta complejidad de las grandes urbes.
 
sabe la tierra
Si se logra cumplir esas metas tal como han sido planteadas, representará un marcado avance en la atención pública sanitaria de nuestro país. La instrumentación de la CUS cuenta con la aceptación de numerosos gremios que hace más de un año acordaron con el Gobierno la devolución de los 30.000 millones de pesos que la administración anterior había retenido del Fondo de Redistribución Solidaria. De hecho, parte de ese fondo financiará este proyecto.
 
Desde entonces, con razonamientos más políticos que fundados, en algunos distritos se reclama dar marcha atrás en el Congreso con el decreto presidencial. Tal es el caso de un grupo de legisladores y concejales patagónicos del Frente para la Victoria, quienes interpretan que con el nuevo sistema se propicia una retirada sistemática del Estado y sus funciones como rector del sistema de salud público. También lo objeta la Asociación Sindical de Profesionales de la Salud de la Provincia de Buenos Aires, que directamente advierte sobre el "desfinanciamiento del sistema público" y el otorgamiento solamente de "prestaciones básicas" para las personas que no tienen cobertura. La respuesta del Gobierno ha estado destinada a aventar esos fantasmas que han llevado a algunos críticos a hablar de "estigmatización de los pobres". En rigor, con la CUS se propone otorgar a cada persona una credencial de manera que, con la digitalización de su historia clínica y el mayor y mejor acceso a más centros de salud, se le pueda hacer un efectivo seguimiento. Con esta tarjeta se busca eliminar la nefasta intermediación parasitaria que desde hace mucho tiempo efectúan punteros políticos y falsos líderes piqueteros y de movimientos sociales.
 
Durante la presentación de la CUS, el ministro de Salud, Jorge Lemus, sostuvo que el tema se viene estudiando desde hace cinco años, desde cuando Macri era jefe de gobierno. "Hasta el momento -dijo- había acceso al sistema de salud público, pero no había cobertura; es decir, las personas se atendían, pero su relación con el sistema terminaba allí." Y, precisamente, en ese corte, en ese impedimento de continuar la asistencia, se verificaba uno de los mayores problemas.
 
Es de esperar que las partes dialoguen para disipar todas sus dudas y que ningún interés mezquino, ideológico, partidario o corporativo se imponga para impedir, una vez más, que todos los argentinos, sin ningún tipo de distinciones, tengan el debido acceso a la salud.
 
Fuente: lanacion.com.ar 18/10/2017
Su voto: Nada

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene como privado y no se muestra públicamente.