Más demanda en farmacias: "La gente viene porque no puede dormir"

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Los farmacéuticos coinciden en que creció el uso y el abuso de los tranquilizantes.
 
Todos los días llegan mujeres y hombres a las puertas de las farmacias a pedir tranquilizantes. En una recorrida que hizo Clarín por barrios porteños, los farmacéuticos coinciden en que crece el uso y abuso de estas pastillas.
 
“Principalmente es la gente mayor que viene con recetas de tranquilizantes porque la ansiedad y los nervios les juegan en contra de la presión y muchos otros porque no pueden dormir”, cuenta Liliana Szkutnik (45) de la farmacia SZ de Almagro. “Los tratamientos deberían ser temporales y lograr que el paciente vuelva a su estado normal, pero en Argentina la gente mayor queda recetada de por vida”, reconoce.
 
Gisela Bustamante (21) trabaja hace tres años en Farma Vital de Barracas y afirma que es más la cantidad de mujeres que de hombres la que se acerca en busca de tranquilizantes. En general, todos mayores de 50 años. “Los que vienen siempre, vienen cada vez más seguido”, explica. Entre ellos recuerda a una mujer que el lunes pasado se llevó una caja de 100 comprimidos y a la semana volvió a pedir más. “Eso ya es abuso”, exclama la empleada que se negó a vendérsela y se valió de que la mujer no traía receta.
 
Jorge Segal tiene 79 años, es farmacéutico en la Farmacia Social 1402 de Boedo y esta en contra de las pastillas tranquilizantes. “Los motivos para consumirlas sobran”, afirma Jorge y describe un panorama explosivo: la “publicidad inmoral” que alienta su demanda, la “automedicación terrible” que hace el argentino y la adicción que generan los psicotrópicos. “Las consecuencias se ven en la gente mayor que se extralimita por el hábito y en los jóvenes inducidos por el vicio y la drogadicción”, aclara.
 
Los jóvenes son una figura repetida en las farmacias que Clarín consultó. “Ayer vino un chico, se bajó de la moto y me pidió un jarabe con codeína que es un derivado de la morfina. Le dije que no. Se fue y vino otro que estaba con él: ‘¿Me vendes Alprazolam?’ No, no te vendo, le dije”. Así describe Bibiana Sanzón (62) de la farmacia Oggi sobre Juan de Garay y Urquiza la situación que viven a diario. El problema aparece cuando consiguen las recetas falsas. “Ahí no te podes poner a discutir con ellos porque te rompen algo o te pegan un tiro porque es gente que viene drogada”, agrega.
 
“Vienen chicos con recetas membretadas de hospitales públicos en busca de clonazepam y son los mismos que después veo consumiendo en el barrio”, manifiesta. “Roban el recetario, se hacen un sello y son 'médicos'”, explica y critica el no poseer herramientas para chequear la legitimidad. Como ella, muchos farmacéuticos repiten “No tengo” en un intento de proteger a quienes abusan de los tranquilizantes.
 
Fuente: clarin.com 13/3/2017
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