El caso del anestesista abrió el debate: ¿qué hacer con un médico drogadicto?

Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en WhatsApp

Luego de haber fumado crack, Gerardo Billiris le propinó una brutal golpiza a una joven de 20 años y reinstaló la discusión. En diálogo con Infobae, Peter Grinspoon, doctor de Harvard y referente, contó cómo superó su adicción a los opiacios
                                                      
La situación en Argentina y la controversia: ¿se deben aplicar controles antidoping?
 
El caso es conocido. Gerardo Billiris, anestesiólogo -pese a que en los días posteriores sería conocido como "el anestesista"- fue detenido el 31 de enero por propinarle una brutal golpiza a Belén Torres, una joven de 20 años, al punto de desfigurarla. Los dos habían fumado durante cinco horas crack con una pipa casera y Billiris adujo que el ataque se debió a los efectos de la droga. Aseguró que es adicto hace cinco años, pero que ahora quiere rehabilitarse.
 
Billiris, que permanece detenido no por la golpiza sino por posesión de droga en su domicilio, fue imputado en las últimas horas por "lesiones graves y tentativa de femicidio". La víctima se recupera con el paso de los días, pero su padre manifestó en voz alta lo que todos piensan: "¿Cuántas veces habrá ido a operar drogado? ¿Qué pensarán ahora sus pacientes?".
 
Los médicos, por su influencia directa sobre terceros, están en la mira de la discusión. En Estados Unidos se estima que la adicción a las drogas o al alcohol es del 9% en la población general y que asciende a entre el 10 y 15% en los profesionales de la salud debido a su mayor acceso a las drogas, el estrés que les genera su trabajo y la mayor destreza para disimular la adicción, entre otros motivos.
 
En Argentina no hay estudios concretos sobre la presunta propensión de los médicos a recaer en las drogas. Sin embargo, en el Programa de Atención de la Salud Mental al Médico Enfermo (PASMMe) que desarrolla el Colegio de Médicos de la Provincia de Buenos Aires Distrito III, uno de los problemas que más se presenta es la adicción, además de los trastornos de ansiedad y depresión que generan las precarias condiciones de trabajo.
 
"Los médicos somos frecuentemente maltratados, sufrimos la aplicación de contratos basura, carencia de relación de dependencia en el ámbito privado, salarios paupérrimos, condiciones laborales infrahumanas; nadie trabaja 24 horas seguidas y debe continuar con su actividad al día siguiente, el pluriempleo para redondear un ingreso, entre otras tantas condiciones deficitarias de nuestro trabajo", sostuvo a Infobae el doctor Daniel Alonso, médico legista, responsable del programa, que también aseguró que los médicos tienen "una frecuencia mayor de adicciones que la población general".
 
El PASMMe es un caso excepcional en el país que sólo encuentra su réplica en Rosario, llevado a cabo por el Colegio Médico de Santa Fe. Sus encargados aseguran obtener "excelentes resultados". El 80% de los médicos evolucionaron en forma favorable y tan sólo el 2% abandonó una vez iniciado el tratamiento, que varía de acuerdo a la gravedad del cuadro y el compromiso clínico general.
 
El caso Peter Grinspoon
 
En 2005, la policía estatal y la Agencia de Lucha Contra las Drogas de Estados Unidos (DEA, por sus siglas en inglés) irrumpió en la oficina de Peter Grinspoon, prestigioso médico graduado en Harvard. Sus pacientes no habían presentado ninguna denuncia contra él, pero debió dejar de practicar la medicina durante 3 años por su adicción a los opiáceos, medicamentos que imitan la actividad de las endorfinas para controlar el dolor. "En ese momento se volvió muy difícil negar que yo era un adicto", expresó a Infobae Grinspoon.
 
Durante los tres años fuera de la actividad, recibió tarjetas de "Recupérese Pronto" de sus pacientes, y afrontó tres cargos criminales por prescribir, de forma fraudulenta, una sustancia controlada. "Afortunadamente, terminé en libertad condicional en lugar de quedar en prisión. Una vez finalizado el proceso, los cargos se cayeron", recordó.
 
Tras el escándalo, Grinspoon, hoy profesor de medicina en Harvard y miembro del plantel del Hospital General de Massachusetts, logró convertirse en un referente a nivel mundial de la problemática. El año pasado publicó su libro Free Refills: A Doctor Confronts His Addiction (Recargas gratis: un doctor confronta su adicción) en el que narra su experiencia en primera persona. El especialista asume que reconoció tarde su adicción a los fármacos, que atravesaba "una severa negación".
 
-¿El estrés laboral fue la principal causa que lo llevó a la adicción?
 
-La adicción es complicada. El estrés en el trabajo fue un factor importante, al igual que el fácil acceso a los opiáceos. Un matrimonio fracasado en casa tampoco ayudó. Siempre me encantaron las drogas, desde mi adolescencia, ¡lo cual tampoco ayudó! Sin embargo, no fue hasta que me encontré con los opiáceos que me metí en problemas.
 
-¿Qué hizo cuando lo reconoció?
 
-Conseguí a un buen abogado para ocuparme de los cargos criminales y concurrí a un grupo de salud destinado a médicos del estado para conseguir la ayuda que necesitaba.
 
-¿Cuánto tiempo y esfuerzo le llevó la desintoxicación?
 
-La salida de los opiáceos me costó semanas, pero lo más difícil fue abandonar las benzodiazepinas. Eso me llevó meses. Sin embargo, la desintoxicación se hizo cargo de toda mi vida.
 
Los anestesiólogos, ¿un caso aparte?
 
"Los anestesiólogos son particularmente propensos a la adicción", señaló Grinspoon, que también opinó en Medsscape en español sobre el caso de Gerardo Billiris: "Un médico con antecedentes de violencia, vinculados o no al uso de drogas, es una historia diferente. Sería muy renuente a permitir que vuelva a la práctica, pero debería conocer más detalles de la situación antes de hacer un juicio definitivo".
 
En el mismo artículo, La adicción de un anestesiólogo argentino dispara la preocupación sobre el abuso de drogas en médicos, Matías Loewy, presidente de la Red Argentina de Periodismo Científico, cita al Doctor John Tetzlaff, del Instituto de Anestesiología de Clevelend, que asegura que por la naturaleza de su especialidad, constantemente están en contacto con sustancias reguladas. "Este proceso repetitivo crea las condiciones ideales para el desvío de sustancias controladas y la automedicación", afirmó.
 
A riesgo de caer en generalidades burdas, en Argentina no hay estadísticas que respalden la hipótesis. Sin embargo, en Uruguay, por caso, se llevó adelante una encuesta que arrojó que los anestesiólogos tienen tasas de abuso de alcohol, opiáceos y cocaína hasta tres veces mayor que los otros médicos.
 
Cómo seguir
 
La pregunta inmediata que se presenta tras la detección de un caso de abuso es: ¿cómo seguir? ¿Separarlo de la profesión? ¿Castigarlo? ¿Facilitarle ayuda? Y antes de la detección: ¿se deben realizar controles antidopaje con regularidad? En ese punto, las posturas chocan.
 
El doctor Daniel Alonso opinó a este medio: "El antidoping debería ser un control en todas aquellas profesiones o labores que impliquen una responsabilidad social. Por lo tanto, tanto en un conductor de transporte público, como en un médico".
 
Billiris y su víctima, Belén Torres
Billiris y su víctima, Belén Torres
En la misma línea, el doctor Arthur Caplan, profesor de bioética del Centro Médico Langone de la Universidad de Nueva York, escribió en un artículo que, si bien se trataba de un tema "muy, muy controvertido", había que aplicar controles: "Si vamos a poner adelante la seguridad del paciente y la seguridad se va a volver parte de la calidad de atención, tenemos que aceptar la noción de que los controles de drogas tiene un lugar en nuestros centros de salud, y que los médicos y enfermeros deberían cumplir con ellos".
 
Sin embargo, el doctor Grinspoon opta por una alternativa mucho menos punitiva. De acuerdo a su opinión, "sería una pesadilla" que se monitoreara constantemente a los médicos. La separación de la actividad de uno de ellos -ya sea provisoria o permanente- depende de la gravedad de la adicción y del deterioro que presenta.
 
-¿Qué solución encuentra para resolver el problema?
 
-Más educación en la universidad de medicina, la residencia y la práctica acerca de cómo los médicos son particularmente susceptibles a la adicción debido al estrés y al acceso. Y debe haber una respuesta menos punitiva cuando un médico comienza a luchar. ¿Cómo es? ¿Si empieza a pedir ayuda, le quitan su licencia? ¿Quién en la Tierra pediría ayuda?
 
-¿El principal problema es el miedo a expresar la adicción?
 
-Sí, es un tema tabú. Yo, por mi parte, estoy luchando para disminuir el estigma de la adicción, mostrando que incluso un médico de atención primaria, amistoso y exitoso puede volverse un adicto vulnerable a los opiáceos. Tenemos que desestimar el estigma para que la gente, tanto los médicos como los adictos de la calle y todos los demás, no tengan miedo de pedir y recibir la ayuda que necesitan.
 
Fuente: infobae.com 24/2/2017
Su voto: Nada

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene como privado y no se muestra públicamente.