La historia del médico que subió el Lanín con una bomba de insulina a cuestas

Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en WhatsApp
Un médico porteño dejó un claro mensaje para todos aquellos que alguna vez bajaron los brazos.
Tras un duro entrenamiento, el hombre, insulinodependiente debido a su diabetes, diagnosticada hace poco más de 15 años, escaló el volcán Lanin, a más de 3 mil metros de altura, y volvió para relatarlo.
 
Juan Manuel Guillamondegui tiene 50 años, la voz tímida y algo entrecortada. Postura formal, y respetuosa, nació en Capital Federal y a los 18 años se mudó a la ciudad de Córdoba donde se recibió de médico y luego realizó la residencia. Tras obtener su título, decidió irse a vivir a Junín de los Andes (Neuquen) donde se casó y tuvo dos hijos (hoy de 13 y 11 años).
 
Su vida iba normal. “Hasta que a los 33 años me diagnostiqué diabetes”, expresa Juan quien se hizo de unos minutos para hablar, desde el hospital, con LA ARENA.
 
A partir de ese momento, el médico comenzó a usar insulina todos los días. “Fue duro entender que tengo diabetes pero en ningún momento me deprimí: todo lo contrario”, sostuvo el profesional. Y reconoció: “Sin dudas que la noticia de tener diabetes fue devastadora, significó un cambio drástico en mi vida, es una enfermedad que me costó mucho asumirla pero pude superarla”.
 
Juan Manuel fue siempre deportista. Incluso después de la irrupción de la diabetes a su vida. Hoy, por ejemplo, practica kayac.
-¿El deporte es importante no?
-Fundamental
“A los 18 años, con otro estado físico y sin el diagnóstico de la enfermedad, subí el volcán Lanin pero ahora la cuestión era diferente”, rememora.
 
 
Objetivo.
El objetivo de Juan Manuel no era alcanzar los más de 3 mil metros del imponente Lanin sino dejar un mensaje para aquellas personas que atraviesan un problema de salud y piensan que todo está perdido. Y durante el año pasado, el médico comenzó con su entrenamiento posibilitado al vivir en una zona de montaña.
En tanto, la hazaña comenzó el 9 de diciembre. Juan Manuel, junto a dos guías, y otras diez personas, inició el camino de ascenso con la bomba de insulina a cuestas.
 
Durante el primer tramo, el grupo fue hasta Tromen: el punto de partida hacia el refugio ubicado a 2330 metros de altura. El médico revisó su nivel de azúcar, continuó con la hidratación e ingirió otros alimentos para evitar una hipoglucemia. No obstante, a unos 3 mil metros de altura, parte del grupo se despidió debido a que tres de los integrantes optaron por bajar y regresar al refugio. A esa altura el frío y el viento se hicieron sentir por lo que Juan Manuel tuvo que calentar el glucómetro (aparato que mide la glucemia) con el calor de su cuerpo. “Esta vez tenía que llegar, no podía fallarme”, dice.
 
“Con insulina, cualquier cosa”.
Tras momentos más tranquilos y más duros, Juan Manuel y su grupo lograron alcanzar la cima de 3776 metros de altura. “Con insulina se puede hacer cualquier cosa: pese a mi enfermedad no me deprimí en ningún momento sino todo lo contrario porque mi objetivo, como médico y como deportista, radica en ayudar a todos aquellos pacientes que atraviesan por esta enfermedad”, sostiene.
 
El entrevistado trabaja, desde hace 23 años, en el hospital de Junín de los Andes. Durante sus primeros años, fue médico generalista y tras diagnosticarse diabetes, realizó una subespecialidad sobre la enfermedad. “Doy gracias a la difusión de las buenas noticias, lo mio fue anecdótico, y el único motivo fue darle un mensaje a todos aquellos que atraviesan un momento duro, todo se puede, todo se logra, no hay que bajar nunca los brazos”, completa.
 
Fuente: laarena.com.ar 1/2/2017
Su voto: Nada Promedio: 5 (2 votos)