¿Bariloche podría ser "la Suiza" del negocio de la vida eterna?

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A partir de la "economía de la extensión de la vida" que incluye cambios en el mercado del trabajo, la ciudad rionegrina podría convertirse en un centro de actividades para mayores 
 
Paseos en catamarán, Circuito Chico, degustación de cervezas artesanales, esquí en el Cerro Catedral, visitas al Centro Cívico o al Hotel Llao Llao: a las atracciones típicas para los turistas en Bariloche se le podría sumar un nuevo punto de interés no tradicional, que parece extraído de una novela de ciencia ficción pero que tiene un potencial tremendamente rentable, según opina un grupo de emprendedores y científicos. Su idea: transformar a Bariloche en "la nueva Suiza" de la medicina antienvejecimiento.
 
"Con apoyo regulatorio del Gobierno, contactos en el corredor de startups biomédicas de EE.UU. y China, algo de relaciones públicas y no demasiada inversión (en términos comparativos) podemos hacer que Bariloche sea la nueva Suiza para la clase media alta global que busca opciones de punta en tratamientos antienvejecimiento", explica Marcelo Rinesi, científico de datos, experto en matemáticas y miembro del instituto Baikal, quien hace años viene estudiando esta hipótesis. "Hay una ventaja muy grande en ser el «jugador que mueve primero», para instalarse como centro global, por eso habría que actuar rápido", agrega.
 
El racional de esta idea es que hay una ventana de tiempo regulatoria en los países centrales -donde se hacen la mayor parte de las investigaciones- entre los descubrimientos de base y su explotación comercial que se podría aprovechar mejor en países de desarrollo intermedio. El interés de las startups por empezar a difundir sus productos en campo es enorme, y a eso se le suma que la Argentina tiene una muy buena tradición en medicina y biología. La oferta natural y cultural cierran un combo perfecto para atraer millonarios en busca de unas décadas mas de vida sana, afirma Rinesi. "Las externalidades económicas serían enormes, dado que se trata de un sector mano de obra intensivo y tener cerca estos avances hace que pueden derramar más fácil sobre el resto del sistema de salud local."
 
De todas las líneas abiertas en el debate de la "singularidad" (la tesis que sostiene que ya entramos en una era de avance exponencial de la ciencia y la tecnología que traerá cambios drásticos en el corto y mediano plazo), la de la extensión de vida, por las consecuencias que implica, es una de las más interesantes.
 
Hasta hace pocos años, el debate estaba protagonizado casi exclusivamente por genios excéntricos como Aubrey De Grey, el gerontólogo que dirige la Fundación Matusalén, quien viene pronosticando que dentro de pocos años el proceso de envejecimiento celular podrá ser detenido, e inclusive revertido. Pero en forma más reciente, los avances en impresión 3D de órganos, clonación terapéutica o reprogramación de células madres, entre otros, elevaron esta discusión a un consenso que ya incluye miles de investigadores que una vida saludable mucho más extensa que la actual será posible en un futuro no muy lejano. Dos meses atrás, un equipo chino de oncología hizo la primera intervención en un ser humano enfermo de cancer con Crispr, una técnica de edición genética que ya se utiliza en animales (como cerdos) para producir órganos trasplantables a personas.
 
Por eso está emergiendo toda una "economía de la extensión de vida", que incluye consideraciones demográficas, de cambios en el mercado de trabajo y hasta de desigualdad: ¿qué pasaría si estos tratamientos son costosísimos y se limitan a un pequeño grupo de supermillonarios, que seguirán acumulando riqueza durante cientos de años? Cálculos actuariales estiman que una vida sin enfermedades (igualmente nos podemos morir en un accidente, asesinados o vía un suicidio) duraría entre 4500 y 6000 años, según los supuestos que se tomen (que incluyen, entre otras variables, la velocidad con la que adoptaremos vehículos automanejados). Bien por encima de los 125 años que se sindican como la extensión "máxima" de vida, con el estado del arte de la ciencia actual.
 
Rinesi viene investigando el tema por interés personal ("disfrutar de mis seres queridos el mayor tiempo posible") y porque le resulta una agenda fascinante. "Hay un momento en que una tecnología es imposible, y luego un momento en el que se masifica totalmente. Creo que estamos hoy en esa transición", asegura.
 
"La mala noticia es que casi todo lo que está disponible actualmente para retrasar el envejecimiento no funciona. En el mejor de los casos es dejar de hacerse daño innecesario (sedentarismo, mala alimentación, etc); el equivalente a combatir un incendio dejando de echarle nafta", previene el científico de datos.
 
La buena noticia es que el entendimiento científico de los mecanismos directos del envejecimiento -no los síntomas que usualmente tratan los médicos, sino las razones por la que estos síntomas son más frecuentes y eventualmente inevitables a medida que pasan los años- ya permitiría, o está muy cerca de permitir, tratarlos de manera específica. No un entendimiento completo de todos los procesos, ni lo suficiente para prevenir o deshacer completamente el envejecimiento, pero sí como para ofrecer décadas de vida sana de las que hoy carecemos. "No sabemos si se incrementaría de manera significativa el rango máximo de vida, pero sí que es posible ofrecer una calidad de vida inmensamente mejorada a básicamente cualquiera con más de treinta o cuarenta años", afirma.
 
Un ejemplo de cómo estamos en el borde de aplicaciones prácticas son los senolíticos, medicamentos que matan de manera preferencial células senescentes. Como muchas intervenciones, tienen muy buenos resultados mejorando la salud y expectativa de vida de animales de laboratorio, pero a diferencia de muchas otras -continúa Rinesi-, nuestro entendimiento científico sugiere que su efecto en humanos también puede ser significativo.
 
Más allá del aspecto humanitario, la oportunidad comercial promete ser enorme. En una economía mundial donde la demanda de productos y servicios por parte de las economías avanzadas crece muy lentamente, es una de las pocas áreas industriales realmente masivas que todavía están en estado embriónico (no es casualidad, dada su cultura interna de "moonshots" que Alphabet/Google haya invertido en Calico, una empresa dedicada específicamente a la investigación de tecnologías antiedad con fines comerciales).
 
Paradójicamente, para una industria basada en biotecnología de punta, los países en desarrollo están en una posición muy buena para explotarla de manera competitiva, asociándose a institutos de investigación y empresas biomédicas que estarían increíblemente interesados en invertir a cambio de acceso a los datos obtenidos. Es uno de los muy pocos casos en los que un país en vías de desarrollo puede "ganarle de mano" a los países ricos y establecer una marca país en un área con enorme potencial de crecimiento.
 
Según Rinesi, vivimos en un mundo donde la tecnología avanza más rápido que los esquemas regulatorios, los modelos de negocios, y la misma visión de qué formas puede adoptar una economía. "Saber cómo adaptarlos para minimizar los daños y maximizar los beneficios es una habilidad tal vez más importante para los países que el poder desarrollar estas tecnologías de manera local, y una en las que todas las naciones tienen el potencial de jugar en primera."
 
¿El tamaño del mercado? Se espera que la cantidad de personas de más de 65 años llegue a mil millones en 2020 (22% de la población mundial) y alcance los dos mil millones en 2050. En la Argentina, la población adulta pasará de un 10,4% en 2010 a casi 20% en 2050. Un target interesante para mandarle folletos de viaje a Bariloche con "traslados incluidos, coordinador, excursiones, paquete de comidas y visitas a centros antiedad de primera línea, o similares".
 
Fuente: lanacion.com.ar 29/1/2017
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