Las voces del Nuevo Sindicato de Salud de la CTA Capital

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Paula Becerra y Yolanda Guitian hablan mucho. Se complementan. Son dos mujeres que militan hace muchos años en su lugar de trabajo. Y que conocen bien de qué se trata esto de representar a sus compañeros en las más difíciles.

Por María Mendez *

Fueron perseguidas por pensar distinto. Pero nunca se entregaron. Ahora se dedican a armar un nuevo sindicato, a convencer y conmover. “La lucha es difícil, pero no tenemos miedo a los dinosaurios”, dicen y se sonríen.

Una trabaja como enfermera en el Centro Gallego. La otra, en la sección contable del Sanatorio Mitre. Asumieron hace más de diez años el desafío de ser delegadas dentro del gremio de la Sanidad. Y eso les costó muchas noches de insomnio. Ahora son parte de la conducción del Nuevo Sindicato de la Salud de la CTA, que representa a los trabajadores de la salud privada de la Ciudad de Buenos Aires. “Tenemos compañeros y compañeras afiliadas de otras clínicas y hospitales como La Esperanza, el Británico, el Español, el Italiano y otros sanatorios y laboratorios más chicos”, cuenta Yolanda mientras se acomoda el ambo celeste, su uniforme cotidiano de trabajo.

Esta mujer habla sin tapujos. Cuenta que el 83% de los trabajadores del sector no tiene representación gremial dentro de sus lugares de trabajo. “No pueden elegir delegado ni junta interna que los represente ante la patronal. Y esto sucede con la connivencia de los gremios burocráticos a los que no les interesa que la clase trabajadora esté desorganizada”, sentencia. A su lado, Paula, que es más joven, asiente con la cabeza. Recuerda que entró a trabajar en el sanatorio en 1993. Y en el 98 ya era delegada de su sector. “Me acuerdo que le pregunté a mis compañeros si les parecía bien y todos me dijeron que sí. Entonces me anoté en el gremio. Y todos me miraron con un poco de desconfianza, no pensaban que podría llegar muy lejos. La verdad es que no tenía mucha idea, pero bueno, me mandé”, recuerda.

Y así fue aprendiendo. Hasta que le tocó una fea. “Con la crisis de 2001 vinieron las tercerizaciones de los servicios y el despido de más de 200 compañeros. Encima los delegados de la comisión interna no aguantaron la presión y renunciaron casi todos. Y bueno, yo seguí para adelante. Hicimos un acampe, muchos días de lucha, vinieron a darnos su solidaridad otros trabajadores, y al final logramos reincorporar a 88 trabajadores, que aún hoy trabajan en el sanatorio. Eso fue muy importante para mí, aprendí muchas cosas. Pero lo más importante fue entender que la fuerza para seguir adelante te la da la convicción por ayudar y acompañar a tus pares”, dice Paula mientras Yolanda la escucha atentamente y agrega que ella estuvo despedida 16 días en la puerta del hospital, “armando lío con mis compañeros”, hasta que la reincorporaron.

El diálogo es ameno. Entre ellas se recuerdan los logros, las malas pasadas y también los desafíos del futuro. Y coinciden en creer que parte de su fortaleza y convicción son heredadas de la familia. “Yo estoy en esto del gremio desde hace 20 años. Creo que viene de sangre. Mi mamá era una mujer muy combativa. Y mi hermana también. Ella se presentó varias veces en listas opositoras en el gremio de Comercio. Como verás, no tenemos mucho miedo”, dice Yolanda y se sonríe.

Los recuerdos llevan a Paula a su infancia. Y a las fiestas de Navidad y Año Nuevo. “Mi mamá era enfermera, una peronista a ultranza. Yo no salí así, pero igual creo que tengo su misma vocación de lucha. Y ahora que no está me doy cuenta de muchas cosas que ella me decía cuando salía a pelear contra la explotación. Me acuerdo que nos pasábamos las fiestas en el hospital, con los compañeros de laburo de mi vieja. Y aunque no entendía muy bien porqué, me gustaba verla en esos momentos. Mi papá es más tranquilo, aunque mi abuelo sí era combativo, era dirigente del gremio del Calzado. Así que como verás, todo esto viene de familia”.

En la sangre y en las luchas cotidianas. Por ahí llevan la militancia. Y en eso de andar fueron aprendiendo. “Después de muchos años nos dimos cuenta que no podíamos ganar el gremio. Porque en cada elección ellos manejaban el padrón, hacían votar a gente que no es del gremio. Pero nos dimos cuenta que igual éramos fuertes en muchos lugares de trabajo porque la comisión interna tiene peso. Nos dejaban con el mandato de delegada vencido y no convocaban a elecciones, creyendo que con eso íbamos a perder fuerza y legitimidad. Pero en realidad pasaba todo lo contrario. Y esa es la base de nuestro nuevo gremio. Las comisiones internas que siempre combatimos y nos plantamos. Y vamos por más”, cuenta orgullosa Paula.

Yolanda completa: “Estamos preparando elecciones en todos los lugares donde tenemos compañeros afiliados. Vamos a elegir comisión interna en cada lugar. Y donde no haya, la vamos a armar. Porque como ya dijimos: no tenemos miedo de los dinosaurios. Vivimos muchos años de persecución interna. Me acuerdo que cuando nos invitaban a los congresos nosotros pedíamos la palabra y no nos la daban. Pero igual hablábamos. Nunca hay que agachar la cabeza ante la impunidad”.

Ahora se preparan para avanzar. Tienen pedida la inscripción gremial en el Ministerio de Trabajo. Y quieren armar una página web y un boletín, para contarles a sus compañeros de todo el país cuales son sus reclamos: mejores condiciones laborales; reducción de la jornada laboral: más nombramientos de personal: mejores condiciones de salubridad; la jubilación anticipada, y el 82% móvil.

Hablan del gremio y la cara se les ilumina. “Nosotros queremos primero fortalecernos aquí, en la Capital. Y por supuesto ir sumando compañeros de todo el país. Porque tenemos cosas en común para trabajar: uniformes, horas de trabajo, vacaciones, licencia, planes de vacunación para el personal, salarios, en fin. Porque sabemos que donde no hay organización los patrones avanzan sobre nuestros derechos y no cumplen con las condiciones mínimas de salubridad y bioseguridad”, reflexiona Paula.

No son de contar mucho sobre su vida. Pero cuando hablan del sindicato es como si estuvieron acunando un hijo. “En la CTA Capital estamos participando en el sector de los gremios nuevos. Pero la verdad es que somos nuevos a medias, porque muchos de nosotros ya somos delegados gremiales desde hace muchos años. Y con chaleco antibala y todo”, explica Paula mientras Yolanda se ríe de la metáfora. “Estamos en la Central porque nos pareció un lugar democrático, donde podemos decir todo lo que sentimos. Y también denunciar, por ejemplo, que en nuestra profesión siempre faltan más manos. En este momento hacen falta 4 mil enfermeras. Pero como los salarios son muy bajos y el riesgo muy alto no hay mucha gente que quiera dedicarse a esto”, dice la mujer del ambo celeste.

Ambas coinciden en explicar que en este gremio, donde la mayoría son mujeres, se hace cuesta arriba la militancia. “Yo creo que cuesta un poco más. Porque las mujeres son muchas de ellas jefas de familia, las que llevan el mango a la casa. Y la intimidación y las amenazas son más bravas para ellas. Pero bueno, cuando se trata de defender el puesto y el salario no hay quien las pare. Y no nos rendimos fácilmente ¿no?”, pregunta Paula a su compañera, que asiente.

“La salida siempre es la organización y la lucha. Porque es cierto que el clima es muy adverso, que hay que luchar contra la impunidad del gremio, de la patronal y de un Estado ausente, que no los sanciona. A veces pienso en esos 16 días sin trabajo. Me costó. Pero no claudiqué en ningún momento. Y después de eso, te aseguro, no me paran más. Estoy segura de que voy a tener la misma convicción hasta mi último día de trabajo. Porque esto es una cuestión de clase. Y si no le damos continuidad a la lucha no tenemos futuro”, culmina la idea Yolanda.

Paula mira su reloj. Tiene que volver al sanatorio. Tiene tareas pendientes. Y su celular no para de sonar. “Estar armando el sindicato nos lleva casi todo el día. Pero vale la pena el esfuerzo. Pienso en todas las veces que me crucé con Yolanda en las malas, cuando peleábamos contra los molinos de viento. Y la veo ahora, trabajando conmigo en este nuevo desafío, y me lleno de orgullo. Creo que esto es lo que nos hace felices. Trabajar por los demás, y que entre todos nos cubramos las espaldas. Ser compañeras, en definitiva”, dice y busca con la mirada los ojos de Yolanda. La nota se termina. Ellas seguirán con su día de trabajo y militancia. Juntas. Compañeras.

* María Mendez es directora de Comunicación y Difusión de la CTA.

Fuente: Argenpress
04.08.09

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