El neuquino que colgó el título de médico para pintar murales

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Se llama Luis Nichela. Ejerció sólo un año y buscó lo que siempre quiso: la expresión del arte. Un viaje a dedo a Venezuela con su pareja consolidó su vocación.
Vive en Centenario, es preceptor de una escuela pero su energía está puesta en el arte que dice haberlo salvado.
 
Eligió la carrera por su padre, también médico. Pero hoy trabaja con un grupo de chicos de los barrios.
Centenario.
A Luis Nichela se le despertó el alma, esa que había quedado dormida entre tantas lecciones de anatomía y horas desvelado por la madrugada. Un día dijo basta y, como si fuera un renacer, cambió una vida dedicada a la medicina por el lujo de ser artista, una vocación que lo tiene confinado a la felicidad, más allá de cualquier mirada prejuiciosa.
 
El hombre tiene 44 años, pero su modo de vida, que irradia una especial energía positiva, le quita años a medida que su obra crece. Hoy es muralista en Centenario, junto con un grupo de amigos y con un proyecto municipal ha pintado cerca de 60 paredes, en barrios e instituciones, junto con la comunidad.
 
Su historia es bastante conocida en la localidad e inspira a todos aquellos que buscan su verdadera vocación, más allá de los títulos y horas de estudio para buscar ese status social que suele desvelar a muchos. Se trata de tomar decisiones y de ir por el gran deseo y la misión que cada uno puede tener en este mundo.
 
“Desde que me acuerdo, de chiquito quería ser médico. Tenía una admiración, y tengo, muy grande por mi viejo. Quería ser como él. Mi viejo tenía el pelo oscuro y yo rubio y hasta eso me daba bronca”, recuerda con una mirada alegre que denota alegría y nostalgia.
 
Luis era hijo de médico y siguió ese mandato a muerte. Recuerda que de chico los pibes del barrio se peleaban y cada vez que alguien le decía “mi papá es policía y te va a llevar preso”, él le respondía desde un lógica sutil: “Y el mío es médico y te va a poner una inyección”. 
Pero con el tiempo algo cambió en su estado de ánimo. Estudió en la Facultad de Medicina de la Universidad de La Plata y tras retrasarse un año, algo le hizo un clic en la cabeza. “Siempre fui muy introvertido, me costaba relacionarme con otras personas. En un momento tengo una crisis con la medicina, todo mi entorno social era mi grupo de estudio. Cuando yo me retrasé un año, no sabía qué hacer”, comenta.
 
Luis se recibió un 8 de abril de 1998 y hasta ese entonces, en sus horas de soledad, pintaba algunos cuadros y los salía a ofrecer en las plazas, entre el bullicio, en una ciudad donde el mundo del arte no tiene límites. La gente pasaba y le contaba historias, de cada pincelada y el mundo en el que se había sumergido para plasmar las formas y colores.
Pero los meses pasaban, hizo algunas residencias y trabajos como médico en el Gran Buenos Aires y esa perfecta y maravillosa maquinaria que es el cuerpo humano, y que lo había fascinado por unos años, comenzó a caerse como una robusta estantería.
“La facultad te enseña las cosas desde un punto biologicista. Hoy doy gracias porque me dio herramientas, pero esto es mi vida: el arte y pintar. Quería una vida que me saque lo introvertido, ahora puedo ser quien soy y estoy feliz”, expresa.
 
El gran viaje por Sudamérica
Pero lo inesperado lo llevó a Luis a tomar más decisiones que dieron un vuelco aún más profundo en su camino. Tras regresar a Centenario en el 2000 trabajó como profesor de Biología en escuelas y actualmente es preceptor del CPEM N° 50. En 2005, junto con su pareja Karina, se fue a dedo hasta Venezuela, en un viaje inspirador que le llevó unos seis meses en llegar. Se las rebuscó, siempre con el apoyo estoico de su compañera, para sortear esas situaciones de no saber dónde dormir cada noche y con poca plata.
Estuvo varado en grandes barcos en el río Amazonas, en rutas inhóspitas con distancias enormes y con gente solidaria que le dio un techo y comida durante el camino. Así llegó a Venezuela, donde conoció el arte comunitario. Presentó proyectos en distintos pueblos y tuvo el apoyo.
De regreso, las cosas habían cambiado demasiado. Para tanto, que ya no imagina estar en otro lado que no sea en la calle, en contacto con ese mundo utópico y real a la vez, que es soñar junto a la gente.
 
Arte grupal
Le cambian la cara a la ciudad
El ex médico ha pasado por distintas actividades artísticas, desde la murga Catinga la Peluda, en la que estuvo hasta 2004, hasta un grupo de muralistas que hoy trabaja para la Dirección de Cultura local en un proyecto de embellecer los espacios públicos e involucrar a los vecinos y la juventud.
Hoy el grupo de muralistas está compuesto por Luis, los veterinarios Silvana Nichela y Mauricio Barreto y Alejandra Romero. Ahora, el grupo muralista está dedicado a hacer obras con la técnica de mosaico, en distintas paredes institucionales.

Fuente: lmneuquen.com.ar 13/09/2015

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