Un cord贸n no se le niega a nadie

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Hasta ahora, los bancos de cordones ofrecían el servicio a quien pagara por conservarlo para uso privado. Pero el Incucai reglamentó esa actividad y fijó que fueran de uso público. Las razones científicas de una medida que aborta un gran negocio.

   
Por Pedro Lipcovich

“Nosotros no queremos tener ‘banco de cordones umbilicales criopreservados para uso privado’ –dijo a este diario el jefe de criopreservación de Fundaleu–: el cordón debe guardarse pero para uso común, y además, en caso de enfermedad, para la propia persona serían más seguras las células frescas de su organismo.” Su testimonio se registra en el marco de la regulación de la actividad de esos “bancos” dispuesta por el Incucai: las células de cordón que se almacenen deberán integrarse en el Registro de Donantes de Células Hematopoyéticas, integrado en una red internacional validada por la OMS. “Hematopoyético” quiere decir que estas células son precursoras de las células sanguíneas: se utilizan en la cura de enfermedades como la leucemia. En el organismo, pueden ser obtenidas de la médula ósea: la única ventaja del cordón es que sus células, por ser indiferenciadas, pueden ser incorporadas más fácilmente... ¡por otra persona! Para lo único que sirve el cordón –explicaron a Página/12 los expertos– es para ser donado, y por eso –advierte uno de ellos– “estos ‘bancos’ para uso privado se dejaron de lado en la mayoría de los países”. La resolución del Incucai dispone también que los “banqueros” de cordón estén sujetos a control del Estado. Para los cordones ya almacenados, la incorporación al Registro de Donantes no es obligatoria.

La resolución del Incucai advierte que “no existe indicación médica establecida ni evidencias científicas ni clínicas” sobre la utilidad del uso individual de células del cordón, y enumera antecedentes: el Grupo Europeo de Etica “se opone al almacenamiento privado porque su posibilidad de uso en medicina regenerativa es puramente hipotética”; la Academia Americana de Pediatría señala que “se debe desalentar su conservación como ‘seguro biológico’”; para la Asociación Mundial de Donantes de Médula Osea (WMDA, según sus siglas en inglés), “no existe evidencia de que estas células puedan usarse para el tratamiento de enfermedades en el futuro”. El documento del Incucai cita resoluciones similares en Italia, España, y se sustenta en la Directiva de 2004 del Parlamento Europeo”.

A partir de ello, establece que “las Células Progenitoras Hematopoyéticas (CPH) provenientes de la sangre de cordón umbilical y placenta para usos autólogos eventuales, para los que no haya indicación médica establecida, deberán ser inscriptas en el Registro Nacional de Donantes de Células Progenitoras Hematopoyéticas”. Este registro, que funciona en el marco del Incucai, integra una red internacional de diez millones de donantes potenciales (véase Página/12, 23 de septiembre de 2006): las células de los “bancos privados” quedarán habilitadas, no sólo para uso propio, sino también para ser donadas a quien las necesitara.

La ley también dispone que “la captación y almacenamiento de CPH para uso autólogo eventual sólo podrá realizarse en establecimientos habilitados y por profesionales autorizados” y que las CPH colectadas con anterioridad deberán ser notificadas al Registro Nacional de Donantes de CPH”. “En aquellos casos en que los padres desistan de la preservación”, el cordón no se perderá, sino que “será remitido a un banco público”.

El Incucai tomó en cuenta un documento de la Sociedad Argentina de Hematología, para la cual “no existen evidencias sobre la utilización de estas células para la reconstitución de otros tejidos”; esta Sociedad “promueve el sistema voluntario, altruista y solidario sobre el que se basa el programa argentino de donación de órganos y tejidos”.

Eduardo Dibar –jefe honorario de Hematología Pediátrica en el Hospital Italiano y ex presidente de la Sociedad Argentina de Hematología– subrayó que “los bancos privados de cordón umbilical ofrecen un ‘seguro biológico’ que es sólo de ciencia ficción. Por eso en la mayoría de los países esta práctica se fue dejando de lado. Un informe del Journal of the American Academy of Pediatrics revela que en Estados Unidos, de 250.000 cordones que llegaron a guardarse en bancos privados sólo se usaron 33, y fue para trasplantes a hermanos con leucemia, que se podían haber obtenido del hermano en el momento, sin necesitar el cordón”. El especialista destacó que, “en cambio, los bancos públicos de cordón son utilísimos para efectuar, a otros pacientes, trasplantes equivalentes a los de células de médula ósea”.

Gustavo Milone –jefe de Medicina Transfusional y del Departamento de Criopreservación de Fundaleu– precisó que las células del cordón umbilical se utilizan, “al igual que las de médula ósea, para ciertas enfermedades hematológicas o alteraciones congénitas en niños. La ventaja de las células de cordón es que, al ser más inmaduras, hay más posibilidad de utilizarlas aunque existan diferencias entre el donante y el receptor. Por eso son muy útiles los bancos públicos de cordón umbilical”.

En cuanto a los bancos privados para uso propio, “jamás una célula de los bancos que funcionan en la Argentina llegó a tener utilidad –destacó Milone–. Incluso si la persona cuyo cordón se guardó llegara a enfermarse, supongamos, de leucemia, el equipo de trasplante preferiría usar células frescas recolectadas de la médula o la sangre periférica del mismo paciente, y no esas células que nadie sabe cómo fueron guardadas y cuya viabilidad, con el curso de los años, va decreciendo”.

“Por eso –finalizó Milone– en Fundaleu no tenemos ningún ‘banco privado’. No estamos de acuerdo en hacerle gastar plata a la gente sin razón. Los cordones deben guardarse, sí, pero no para uso propio sino para que las células puedan ser donadas a otra persona, en un plano humanitario.”

Fuente: Página12

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