La historia de los papás de los siameses separados en una operación inédita en el país


De la angustia al alivio. Evelyn es docente y Jonatan, pastelero. Vivieron un embarazo complejo y tuvieron a sus bebés internados 10 meses. 

Evelyn y Jonatan Figueroa viven una paternidad muy especial. Sus hijos Gianluca y Santino son gemelos y al nacer estaban unidos por periné, compartiendo genitales, sistema urinario y aparato digestivo. Eran siameses. Lograron separarlos en una operación que nunca antes se había hecho en Argentina, que duró más de 9 horas y en la que participaron 44 profesionales. Clarín se reunió con ellos en la Fundación Hospitalaria, en Saavedra, donde se realizó la cirugía, y ahí contaron cómo fueron los últimos diez meses de sus vidas, que los llevó a una experiencia extrema que terminó bien, gracias a la intervención del equipo médico de esa institución. 
 
Los dos se emocionan al contar su experiencia. Y no es para menos. Evelyn tuvo un embarazo delicado, un parto también complicado y luego siguieron diez meses de angustia, que culminaron con una operación muy compleja. 
Evelyn, que es docente y vive en Villa Fiorito con su pareja, cuenta que se enteró a los tres meses de embarazo, con una ecografía de translucencia nucal, que iba ser madre de gemelos. "Ese fue el primer impacto", narra. Pero después  -cuenta ella-, vio a las médicas "cuchichear entre ellas". Eso la alarmó porque presentía que algo no estaba bien. Acto seguido, la ecografista, que había vuelto con una compañera, le avisó que debían hacerse una ecografía vaginal para corroborar el estudio. "En ese momento me dijeron que los bebés eran siameses", recuerda Evelyn, que en ese momento comenzó a llorar angustiada porque sabía lo que significaba. 
 
Jonatan estaba trabajando y se enteró por teléfono de la noticia. "Fue muy shockeante porque lo primero que pensamos fue que estaban unidos por la cabeza", comentó este pastelero de 30 años, ahora feliz junto sus dos bebés sanos y separados. 
 
Si bien todo salió bien, en ese entonces ellos no lo sabían y los dos empezaban a transitar un embarazo complicado que no se sabía "en qué iba terminar", como dice Evelyn. 
 
Después de recorrer consultorios y hacer distintos estudios, Evelyn terminó internándose en la Fundación Hospitalaria, a la cual no conocía. Ahora reconoce que al principio tenía "miedo" porque no sabía cómo era la atención en esta institución. Sin embargo, al poco tiempo -cuenta ella- se sintió "muy cómoda y contenida" por el cuerpo médico del lugar. 
En la semana 21, las cosas se complicaron aún más. En un chequeo con su médico, descubrieron que tenía el cuello del útero corto y la internaron hasta el día del parto, que fue a la semana 34, cuando le practicaron una cesárea. 
 
Ahí arrancó la segunda parte de esta historia, con 36 días de neonatología, ostomías realizadas en dos hermanos y varias complicaciones para Santino, que tuvo que ser intervenido en un par de ocasiones para mejorar su colostomía. "Ahí Santi quedó con respirador y catéteres. Era muy duro verlo. Pero igual estuvimos todos los días que duró la internación con ellos", comenta Evelyn, que orgullosa detalla que sus hijos demostraron ser "unos luchadores". 
Después de todo esto, y de miles de pensamientos positivos y negativos que rondaban por las cabezas de estos dos jóvenes padres, llegó el día de la operación. Fue el 22 de junio de este año. Estuvieron 9 horas en el quirófano hasta que los nenes fueron separados. La intervención presentaba muchas complejidades y desde el principio se sabía que en ella se jugaba la vida de los chiquitos. 
 
"Fue un momento muy angustiante y eterno. Me acuerdo cuando se los llevaban a los dos para cirugía y la sensación fue de una enorme incertidumbre, porque nosotros sabíamos que en ese momento se jugaba la vida de los dos. Fue muy fuerte", comentan los padres. 
Después de las 9 horas de operación y de estar esperando el resultado con mucha angustia junto a su familia, Evelyn y Jonathan vieron salir de la sala de operaciones a los dos hermanitos, sanos y separados. "Fue un alivio increible. Los dos nos pusimos a llorar de alegría. No tengo palabras para agradecerles a los médicos", comenta la pareja. 
 
A ambos padres se les ve en la cara la huella de haber ganado la batalla de sus vidas. De estar viviendo una felicidad que pocos pueden comprender, dada la tortuosa experiencia que les tocó vivir. Ahora, con Gianluca y Santino en sus brazos, como si nada hubiera pasado, esta pequeña familia de leones respira aliviada y sólo disfrutan la alegría de ser padres de dos valientes gemelos. 
 
Fuente: clarin.com 15/7/2019
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