Inteligencia artificial en la salud

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El sector salud se apoya cada vez más en la inteligencia artificial (IA) para buscar nuevos métodos y tratamientos para mejorar la vida de los pacientes, así como para optimizar protocolos médicos y procesos de gestión sanitaria.

Y esta tendencia no hará sino crecer. La contribución de la IA a la medicina es creciente y cuenta entre sus logros con el desarrollo de alertas inteligentes para un diagnóstico precoz, la ayuda al pronóstico de la evolución del paciente o el impulso de los tratamientos personalizados.

Sin embargo, para avanzar en esta unión debemos conseguir un entendimiento mutuo entre los profesionales de la salud y los científicos de datos. Estos últimos deben hacer su lenguaje más accesible para que los médicos crean en sus aportaciones. De igual forma, los profesionales de la salud deben transmitir sus conocimientos para implementarlos en las herramientas que surjan en el marco de la IA. Ese flujo de comunicación es el primer paso para interpretar las guías y protocolos médicos. Esto constituye el modelo de referencia para la aplicación de técnicas de la inteligencia artificial, y sobre ese modelo se incorporan más fuentes de datos, conocimientos del día a día y todo lo que pasa en un hospital para actualizar y mejorar esa referencia. Una fuente importante aquí son las historias clínicas, piedra angular del conocimiento de cada paciente que merece un tratamiento especial por su riqueza y complejidad.

Este proceso es posible cuando se ponen a disposición para su uso todos los datos de los que dispone el sistema sanitario, uno de los sectores con mayor cantidad de información que existen. Según datos del Ministerio de Sanidad, más del 70 % de las historias clínicas están informatizadas, pero actualmente es necesario superar diversas barreras burocráticas, legislativas... para poder trabajar con ellas. Poco a poco esto irá cambiando y podremos tener cada vez más información para trabajar en nuevos protocolos de actuación que sirvan de apoyo al profesional médico en su día a día. Entretanto debemos respetar las reglas del juego y, con los datos que se consigan, crear proyectos que sigan demostrando el valor que la inteligencia artificial puede aportar al sector sanitario, incrementado cuando se trabaja de forma colaborativa.En el terreno de la salud, el objetivo de la IA es ayudar a optimizar la labor que se realiza en el conjunto del sistema sanitario.

Por ello, hay que trabajar para eliminar el miedo a su correcta aplicación cuando se usa para sumar y siempre en colaboración y con la supervisión de equipos médicos que guíen a los científicos de datos en su trabajo y validen los resultados de lo que al final son sistemas de recomendación. Encajar estos dos mundos es esencial para que la sanidad continúe evolucionando en un entorno de creciente exigencia y especialización y con recursos limitados. Los médicos y científicos de datos deben aunar fuerzas porque el valor que aportan estos proyectos es innegable: mejorar el servicio de salud y, por tanto, la vida de las personas.

 
Fuente: lavozdegalicia.es 2/5/2019
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