La salud y los migrantes: una mirada humanitaria

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Alumnos de la Escuela primaria Esteban Echeverría, de Belgrano. Bolivianos, peruanos, paraguayos, chinos, chilenos y brasileños comparten aula con argentinos nativos.
 
 
Un grupo de expertos en salud de todo el mundo fue convocado recientemente por la Comisión Lancet para analizar el tema de la migración mundial y la salud. Analizando los datos internacionales se puede observar, que en la actualidad, los mayores flujos migratorios ocurren desde los países de bajos y medios recursos hacia los de altos ingresos o desarrollados. Por otro lado, se han acentuado las migraciones internas, sobre todo en nuestro continente, donde más del 70% de la población vive en áreas urbanas El abordaje de la migración y la salud implica romper mitos, en la medida que la mayor parte de las sociedades son hoy el producto de esta población en movimiento, convirtiendo a la migración en una realidad global.
 
Los expertos cuestionaron el argumento, a menudo señalado, que atribuye a los grupos migrantes mayores costos económicos por los servicios sociales para atender a estas poblaciones. La población migrante aporta para el desarrollo de los países de acogida y la mano de obra es clave para muchos sectores de la economía.
 
Por ejemplo, buena parte de la industria textil en la República Argentina se hace con la mano de obra de la población migrante proveniente de Bolivia. La industria de la construcción también se beneficia con la población de migrante de origen boliviano y paraguayo y su fuerza de trabajo. Muchos sectores de servicio en nuestro país se benefician de la mano de obra de la población venezolana. Asimismo, la estructura de impuestos basada en el consumo, de la Argentina como de muchos países, hace que la población migrante contribuya con su consumo a la recaudación impositiva de los países de acogida.
 
Las decisiones que impulsan a migrar varían de país a país, pero en general lo que observan los expertos, es que los que migran son los mas sanos, descartando la idea de que se trata de poblaciones que transmiten enfermedades.
 
Cuando analizan la mortalidad, los expertos observan, que estas tasas de la población migrante en los países de ingresos altos son mas bajas que las de la población de los países de acogida. Aún cuando pueda encontrarse una mayor morbilidad en varios subgrupos de migrantes (por ejemplo: mayor índice de enfermedades mentales en víctimas de trata de personas o en personas que huyeron de conflictos) a las de los nacionales, dependiendo no de su condición de migrante sino de estructuras poco apropiadas de protección social de los países de acogida. No obstante, resulta complicado evaluar la magnitud de los daños a la salud de la población migrante por la falta de datos o la poca sensibilidad de los sistemas de información.
 
Los procesos de migración constituyen un fuerte determinante de la salud, ya que muchas veces las condiciones de vida, de trabajo y del ambiente a las que está expuesta la población migrante los hace mas vulnerables afectando su salud. Las condiciones de hacinamiento y de explotación a que están expuestos al llegar a muchos de los países los hace suceptibles al contagio de las enfermedades transmisibles: no es que ellos sean intrínsecamente portadores de ellas.
 
Es necesario tener una mirada humanitaria en los países de acogida, entendiendo que la migración puede tributar a la economía de los países receptores, enriqueciendo su diversidad cultural, aportando la riqueza de costumbres y talentos. El potencial de talento de la población migrante sobrepasa mucho lo que se espera, en tanto se trata mayoritariamente de población que produce y que consume, en pro del desarrollo del país como un todo. 
 
Sebastián Tobar es Sociólogo, Máster y Doctorando en Salud Pública e investigador en Salud Global.
 
 
Fuente: clarin.com 24/4/2019
 
 
 
 
 
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