Yamil Ponce, el médico de las historias urgentes que canta tangos en el subte

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Salvó a Joe Wolek y al sueco Christoffer Perrson, víctimas de dos delitos que conmovieron al país. Es cirujano cardiovascular y músico.
Aunque pasen los años, Buenos Aires sigue siendo la ciudad del tango. En esquinas céntricas, plazas o estaciones, los músicos callejeros nos alegran las mañanas y hacen más amena la vuelta a casa. Todos tienen una historia única, pero pocas como la de Yamil Ponce.
 
Mira: www.clarin.com/sociedad/yamil-ponce-medico-historias-urgentes-canta-tangos-subte_0_MmiciguVD.html
 
Yamil, cantante de la línea D, es además un reconocido cirujano cardiovascular que cobró notoriedad pública tras operar a Joe Wolek y Christoffer Perrson, dos turistas que sufrieron asaltos violentos y estuvieron al borde de la muerte. En ambas oportunidades, el doctor estaba en el momento justo, en el lugar exacto: la guardia del Hospital Argerich.
El norteamericano Wolek llegó al quirófano el 8 de diciembre de 2017, con diez puñaladas en el cuerpo. Dos de ellas le atravesaban el corazón. Aplicando una técnica que no está en los libros médicos, Yamil logró salvarle la vida. “Joe es un personaje, nos escribimos día por medio. Me manda fotos de lo que come -que no es nada sano- y de lo que hace. ¡Si hasta va a venir de visita y se hizo un plan de vacaciones conmigo!”, cuenta, un año después.
El caso de Perrson fue más reciente. El sueco estaba paseando por San Telmo, cuando un ladrón le disparó en la rodilla derecha, el 30 de diciembre de 2018. El doctor Ponce fue el encargado de informarle que iba a perder la pierna: “Cuando le dije que había que amputar, sonrió y me dijo: ‘al menos sobreviví’. Yo me quebré y él terminó consolándome. Fue un cachetazo, una lección de vida”, asegura.
“Si hay un mensaje que dar, es que no se puede frenar la violencia con más violencia”, es la conclusión que extrae Yamil a partir de esas situaciones traumáticas, que le dejaron dos amistades a prueba de balas.
 
Clarín lo entrevistó el jueves a la noche, en la estación Pueyrredón del subte, donde toca junto su amigo, el guitarrista y luterista Leonardo Facundo. A la gorra. El doctor no aprovecha el espacio que se ganó en los medios para promocionar su música: prefiere empezar -literalmente- desde abajo. Llegó unos minutos más tarde que lo habitual, porque estuvo operando hasta tarde. Nadie sospecharía de su profesión, si no fuera porque asistió a una chica que se descompensó por un golpe calor. Después de reanimarla, le dedicó unas coplas.
Aunque también toca alguna cumbia, se aboca principalmente al tango y el folclore. Junto a Leo, se animan a pesos pesados como Troilo y Piazzola; su repertorio va desde “La última copa” hasta su favorita, “La bicicleta blanca”. Tienen poco tiempo para ensayar, así que aprovechan como sala los pasillos del Argerich.
 
Tanto en Navidad como en Año nuevo, Yamil tuvo que trabajar. Para aliviar la tristeza de los enfermos, quienes no podían estar con sus familias, el médico tuvo una idea: consiguió dos caballetes, un tablón, unas luces festivas y llevó comida. Eso sí, primero habló con la nutricionista para no romper las reglas de ninguna dieta. El 24, se puso un gorro de Papá Noel y brindó con alegría. El 31, en cambio, fue más difícil. Acababa de atravesar las operaciones de Christoffer, además de otras intervenciones que terminaron cerca de la medianoche. Estaba cansado y triste, pero cuando bajó al pasillo los pacientes lo estaban esperando sin probar bocado. “Yo quise agasajarlos y terminaron sorprendiéndome a mí”, relata.
 
Yamil desborda ganas de ayudar a los demás, algo que aprendió desde muy pequeño, en el seno de una familia tan humilde como generosa. Nació en Villa Libertador General San Martín (Entre Ríos), pero se crio en San Nicolás, provincia de Buenos Aires. Su papá Nicolás, un ex tornero mecánico de 81 años, aún sale a la esquina de su casa a repartir tarjetas con frases de alegría y esperanza. María Helena, su mamá, una peluquera jubilada, prepara comida para gente que necesita.
 
Fue ella quien descubrió el talento musical de su hijo, que hoy canta, toca el teclado, el saxo, la flauta, el violonchelo y el bajo, entre otros instrumentos. “Cuando tenía 6 años, yo la acompañaba a unas clases de piano y empecé a sacar las notas. Como no había plata para los dos, dejó que yo siguiera”, recuerda el doctor. También fue María Helena quien lo impulsó a inscribirse en la carrera de Medicina.
 
Yamil consiguió su título con solo 22 años. Después de eso, pasó 11 meses en la selva paraguaya, trabajando con comunidades indígenas. Su primera opción había sido la de ayudar a poblaciones necesitadas en la helada Georgia, pero la intermitente guerra civil lo obligó a cambiar de planes. La experiencia le dejó un guaraní fluido, que demuestra con orgullo.
 
Actualmente, además de atender en el hospital público, trabaja a distancia en Qatar, desarrollando inteligencia artificial​, e investiga sobre la aplicación de la nanomateria a la medicina. Al mismo tiempo, es profesor, cuenta con un consultorio privado y dirige como director el curso argentino de Eco Doppler Vascular Periférico en la Sociedad Argentina de Ecografía y Ultrasonografía. Tiene solo 39 años.
 
El doctor ama a la Argentina y su gente. Por eso, aunque lo tienten con ofertas, no quiere irse. Entre sus muchos amigos, está nada menos que Moria Casán. “La conozco hace casi diez años, nos mantenemos en contacto siempre, pero no desde el cholulismo”, aclara. Define a la diva como una persona activa y de gran inteligencia. “Muchas personas no lo saben, pero Moria lee hasta en el baño”, remata.
 
 
Yamil siempre repite una frase que le dijo su madre cuando era chico: “Si podés soñarlo, podés hacerlo”. De adulto, con tantas actividades, tiene poco tiempo para dormir -no más de 4 o 5 horas por días-, así que se dedica a soñar despierto. Cuenta con el apoyo de su esposa Andrea, a quien describe como un pilar indispensable de su vida, y sus tres hijos: Yael, de ocho años, y los mellizos Elian y Sofía, de tres.
 
El médico cantor abre su concierto subterráneo de los jueves con “Nada”, un clásico tango que evoca el pasado y el amor perdido. Sin embargo, en su vida cotidiana, no hay lugar para la melancolía. Su filosofía es mirar siempre hacia adelante y buscar desafíos: mientras más imposibles, mejor.
 
Fuente: clarin.com 27/1/2019
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