Gisela y las vacunas: la verdad de las mentiras

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Con pasión.  Por Silvia Fesquet

 
Cada tanto aparecen -no queda claro si por estupidez, por ignorancia, o por alguna inextricable y oscura motivación- voces trasnochadas manifestándose en contra de las vacunas. El último intento provino de una ex ¿vedette?, ¿modelo?, devenida locutora y presentadora de TV y radio, como se define en Twitter, la inclasificable Gisela Barreto. Ya semanas atrás se había dedicado a “ilustrar” acerca de los peligros del sexo anal. Pero esta vez fue mucho más lejos. Junto a referencias a Lucifer y otras declaraciones por el estilo habló de un proyecto de “exterminio” de la población, y de las vacunas como sus mortales agentes. Pues bien: más allá de la enorme irresponsabilidad de hacer una afirmación semejante, se trata de una mentira basada sobre un enorme engaño.
 
Un trabajo publicado por el Colegio de Médicos de Filadelfia, además de sostener que para los académicos de la salud y la medicina la vacunación es uno de los diez máximos logros de la salud pública durante el siglo XX, desmenuza los mitos y creencias sobre las vacunas en distintos momentos de la historia, y el affaire que dio origen más recientemente al desatino de oponerse a ellas. Y que fue cualquier cosa menos inocente. La controversia se desató, básicamente, con la vacuna del sarampión, las paperas y la rubéola en 1998 en Inglaterra, de la mano de un médico de ese origen, Andrew Wakefield, quien recomendó que se investigara más en profundidad la posible relación entre la mencionada vacuna y el autismo. Unos años después afirmó que las pruebas realizadas antes de su aplicación no habían sido suficientes.
Se demostró el fraude del médico que atacaba a la vacuna por provocar autismo: fue expulsado del registro y no puede ejercer la profesión
 
La prestigiosa revista científica The Lancet se hizo eco de los argumentos del profesional, y publicó en sus páginas sus conclusiones. La desconfianza y el miedo ya habían cundido entre la población. Seis años después, en 2004, la publicación declaró que no debía haber publicado los trabajos de Wakefield y, en 2010, se retractó formalmente y pidió disculpas a la comunidad científica: a esa altura el Consejo Médico General Británico ya se había expedido sobre el fraude cometido por el profesional. Se comprobó que le habían ofrecido dinero para orientar las investigaciones y se determinó que había habido un “fatal conflicto de intereses”, ya que un grupo de padres, convencidos de que la vacuna había provocado daños en sus hijos, lo había contratado para que lo demostrara.
 
Un periodista, Brian Deer, siguió los pasos de Wakefield y comprobó la estafa: había falsificado datos y una retribución económica lo esperaba al cabo de sus investigaciones. Fue expulsado de la entidad médica de Gran Bretaña y se le prohibió el ejercicio de la profesión. Ninguna de las investigaciones posteriores demostró que la vacuna pudiera causar algún daño. Sobre la sarta de mentiras finalmente desbaratadas se montó la campaña antivacunas, que ha convocado, insólitamente, adherentes en distintos lugares del mundo: de acuerdo con The Conversation, 1 de cada 5 personas cree que la vacuna produce autismo. De hecho, el año pasado, el sarampión, una enfermedad perfectamente prevenible, se desató en Europa de la mano de quienes se niegan a vacunar a sus hijos. La actitud, que no sólo pone en riesgo la salud de quienes no se vacunen sino la de todos los que estén a su alrededor, contribuyó a la aparición de más de 21 mil casos de la infección con un saldo de 35 muertos. Según los especialistas, la aplicación de la triple viral redundaría en la erradicación de la enfermedad que, como quedó dicho, puede llegar a ser mortal. La conclusión es obvia: cuanta más gente inmunizada haya, menor posibilidad de que el virus circule y contagie.
 
¿Cómo siguió la historia del médico inescrupuloso? Después de mudarse a Texas y trasladar allá su prédica -bien vista por el presidente Trump-, las últimas noticias sobre Wakefield provinieron de la prensa del corazón: en agosto pasado se lo vio paseando por Miami de la mano de la ex súpermodelo Elle McPherson. En cuanto a Gisela, curiosa su paradoja: brega “por las dos vidas” a la hora de oponerse al aborto, pero condena las vacunas, destinadas a salvar tantas.
 
Fuente: clarin.com 1/12/2018
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