Cuidar al que nos cuida: cuando los trabajadores de la salud se agotan

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Fuente: Cuadro Nº26 del Informe de la OMS.A veces, sucede que los profesionales no solo no son atendidos por la sociedad sino que se ponen en un segundo lugar.
Escribe Silvia Bentolila.
 
La pregunta invita a un replanteo acerca del cuidado de quienes, desde su quehacer profesional, asumen a diario la tarea de lidiar con situaciones que los confrontan con lo más vulnerable de la condición humana. Los trabajadores que intervenimos en situaciones críticas aprendemos una serie de mecanismos para lidiar con el sufrimiento humano sin sucumbir a la angustia. Pero estos mismos mecanismos que nos ayudan a ayudar a nuestros semejantes -manteniendo la distancia que nos permite pensar y actuar profesionalmente- son los que, por otra parte, contribuyen a desconectarnos de nuestro propio sufrimiento y el autocuidado.
 
Para muchos, trabajar significa enfrentarse cada día a peligros como el miedo, el aburrimiento, el sentimiento de injusticia, o incluso traicionar las propias convicciones. Silvia Berman, una investigadora argentina, asegura que “la naturaleza social del trabajo, factor de desenvolvimiento, de plenitud y de alegría, se transforma en condena y aflicción cuando aliena al hombre”.
Desde esta perspectiva, el desgaste profesional no es un evento sino un proceso en el que el estrés y las ansiedades diarias desatendidas socavan en forma gradual la salud de los llamados “cuidadores”. Con el tiempo, esto también afectará la atención que brindan a sus pacientes, alumnos, clientes, rescatados, asistidos… y obviamente tendrá un impacto en sus relaciones personales.
Si nos pensamos como parte de una comunidad que cuida colectiva y activamente de sí misma, es claro que para ser “bien cuidados” resulta imprescindible cuidar a quienes tienen a su cargo el rol de cuidar. Entre ellos se encuentran los trabajadores de la salud, la educación y la justicia, pero también aquellos que conforman la primera línea de respuesta frente a las emergencias y desastres, como bomberos, protección civil y rescatistas, entre otros. Somos muchos los que hemos elegido ser parte de las filas de los que velan por la vida, el desarrollo y el bienestar de la comunidad.
Por esto vale la pena preguntarnos qué les sucede, por ejemplo, a los trabajadores de la salud, que no aplican lo que con tanta convicción recomiendan a quienes asisten. Esta aseveración tiene detrás algunos datos dignos de mención:
 
-de 9266 médicos noruegos, el 80% reconoció haber seguido trabajando mientras estaba enfermo;
 
-el 40% de los médicos detectaron que el desgaste profesional perjudica su bienestar y desempeño;
 
-el estrés es señalado como responsable del enfado y la irritabilidad, así como de una menor calidad asistencial;
 
-el 46 % de los médicos canadienses manifiestan un nivel avanzado del conocido Síndrome de Burnout.
De hecho, la Organización Mundial de la Salud consignó que, en Argentina, el 55% de los enfermeros y el 59% de los médicos también padecen el síndrome de la cabeza quemada. En consecuencia, se hace evidente que, independientemente de la cultura o el lugar donde se ejerza la tarea, los trabajadores de la salud -y en particular médicos y enfermeros- pertenecemos a un grupo de riesgo.
 
Desde hace años pienso que si un pianista cuida de sus manos como un preciado tesoro, un futbolista hasta puede llegar a asegurar sus piernas, los enólogos preservan su refinado olfato y paladar o un carpintero guarda celosamente su tablero de herramientas… ¿Qué sucede con los trabajadores que dedicamos en muchos casos "nuestra vida" a cuidar la vida de otros, que no cuidamos de nuestra propia salud?
Charles Figley, un terapeuta que trabaja con la "fatiga por compasión", señaló atinadamente que "…la capacidad de compasión y empatía parece estar en el centro mismo de nuestra capacidad para realizar el trabajo con nuestros pacientes, y al mismo tiempo en nuestra capacidad para ser lastimados por el trabajo”.
 
Por todo esto, por el rol fundamental que ocupan en nuestra sociedad, es preciso no dejar solos a los trabajadores de la salud. Todos somos potenciales pacientes que necesitaremos ser cuidados y, como tales, tenemos que pensar en “cómo cuidar a quienes nos cuidan”. Sobre este tema volveremos, porque no podemos ni sabremos qué hacer sin información.
 
Fuente: tn.com.ar 28/10/2018
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