Día Mundial de Salud Mental

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Cómo funciona el modelo de salud mental que puso fin a los psiquiátricos en Italia

El nuevo paradigma para tratar los trastornos mentales propone un trato más humanizado y sin romper con los lazos sociales. El psiquiatra italiano Franco Rotteli, que llevó adelante el cambio en Italia, contó a Clarín cómo funciona. 
 
Los trastornos mentales son frecuentes en cualquier sociedad. Depresión, trastornos de ansiedad, trastorno bipolar, demencias, esquizofrenia y trastornos obsesivos compulsivos (TOC) son algunos de los padecimientos más comunes. Cómo aborda y asiste un país a las personas que sufren estas enfermedades es una de las preguntas que se están haciendo los sistemas de salud del mundo. En este contexto, ¿se puede pensar en una sociedad sin institutos psiquiátricos? El médico psiquiatra italiano Franco Rotelli asegura que sí. Y lo dice desde su propia experiencia que llevó adelante en Trieste, Italia, en la década del 70 y fue el puntapié inicial para el cambio de paradigma en salud mental en ese país europeo y que luego siguieron otros países. La Argentina inició ese camino en el 2010 con la sanción de la nueva Ley de Salud Mental, que puso como principio rector la necesidad de evitar la internación de pacientes en institutos neuropsiquiátricos. El objetivo de la norma es terminar con la institucionalización de los enfermos mentales y promueve que sean tratados en hospitales generales, para poder restituir y promover sus lazos sociales. Evitar el aislamiento, la clave.
 
De paso por Buenos Aires invitado por la Asociación Argentina de Salud Mental para participar del XII Congreso Argentino de Salud Mental, Rotelli mantuvo un diálogo con Clarín en el que repasó el proceso llevado adelante en Italia y para el que Argentina –donde hay unas 20.000 personas internadas en psiquiátricos- ya dio su primer paso.
 
-¿Cuáles son las claves para llevar adelante un cambio de paradigma en Salud Mental? ¿Cómo fue en Italia?
 
- Italia tuvo esta ley entre 1978-80, con la cual el Estado italiano estableció que los hospitales psiquiátricos debían cesar en su funcionamiento y debían constituirse servicios en los hospitales generales y en la comunidad, en todo el territorio. Esto fue un proceso largo, al principio difícil. De a poco las cosas se fueron haciendo, aunque muy lentamente. En los años 60 había en Italia unas 100.000 personas en hospitales psiquiátricos. Pero poco a poco fueron evacuándose hasta que se cerraron todos. Ya desde hace muchos años no hay ningún hospital psiquiátrico en Italia. Y lo que también es interesante es que nadie siente nostalgia por los hospitales psiquiátricos. Hoy la psiquiatría italiana está oficialmente unida compactamente para defender la ley. Puede haber algunos problemas de implementación, de recursos, como siempre y como sucede en cualquier sistema. Pero no hay ningún problema con el contenido de la ley, que es parte irreversible del sistema italiano.
 
-Argentina sancionó en 2010 su nueva Ley de Salud Mental, pero los hospitales psiquiátricos no se han cerrado, ¿estamos en buen camino?
 
-La ley argentina es una ley muy generosa, muy avanzada e importante. También, por cierto, difícil de llevar a la práctica en todo lo que tiene previsto. Pero los principios son justos. Se trata, en concreto, de darles respuestas positivas, constructivas. El primer objetivo es lograr interrumpir la afluencia de personas a los hospitales psiquiátricos. Creo que hay suficiente conciencia general de que no son lugares aptos para curar a las personas. Los servicios de los hospitales generales pueden funcionar muy bien. Hay ya varias experiencias que demuestran que incluso personas con graves problemas pueden recuperarse en hospitales generales. Cambiar el curso del recorrido siempre es algo complicado. Creo que Argentina debe dejar atrás pronto las contras de la experiencia de de los hospitales psiquiátricos. Ciertamente para las personas que están dentro de los hospitales psiquiátricos puede no ser fácil encontrar otros sistemas más adecuados, pero mientras tanto, parece importante frenar las admisiones de nuevos pacientes.
 
- ¿Y qué atención se brinda a esos nuevos pacientes?
 
- Lo conveniente es derivarlos a servicios en hospitales generales. Otros servicios médicos más apropiados y así poder cesar definitivamente con las nuevas admisiones. Y respecto de la población que está dentro de los hospitales psiquiátricos, con tiempo es posible buscar otras alternativas en estructuras intermedias que pueden gradualmente hacerse cargo de estos casos. Estos serían centros de salud mental territoriales o en servicios de hospitales generales. (El hospital psiquiátrico) no es un buen modo de tratar problemas que la literatura internacional nos enseña que se pueden tratar adecuadamente. La experiencia italiana, con todos sus límites, ha demostrado ampliamente todo lo que se puede hacer.
 
- Para llevar adelante estos cambios, ¿dónde se encuentra mayor resistencia, en el sistema, en la sociedad, en los profesionales de la salud?
 
- En general, la cuestión es cómo se formula el asunto. Si decís “cerremos los hospitales psiquiátricos”, la gente se preocupa. Si decís “hagamos servicios más modernos y más adecuados para las personas con problemas mentales” yo creo que la gente dice “sí, hagámoslo”. Sobre lo inadecuado de los hospitales psiquiátricos creo que el conocimiento del tema es bastante difuso. Obviamente lo que le preocupa a la gente es si se dispone de alternativas adecuadas. Si se demuestra que verdaderamente hay capacidad y voluntad de activar alternativas adecuadas, creo que la gente lo aceptará.
 
Rotelli dice que el primer paso, para lograr el cambio de paradigma, es enfocarse en los servicios de los hospitales generales y utilizarlos para los nuevos ingresos. Al tratarse de hospitales generales, el objetivo es que si una persona necesita estar internada, sea por un breve periodo de tiempo y terminar con algo que sucede frecuentemente con los hospitales psiquiátricos, donde “se sabe muy bien cuándo ingresan pero no cuándo salen”, dice el especialista. Otro de los puntos, añade Rotelli, es incorporar “estructuras intermedias, hospitales de personas en pequeñas dimensiones, para grupos pequeños, mucho más humanizados, mucho más cercanos a contextos de vida normal, a diferencia de los grandes contenedores que han sido los hospitales psiquiátricos”. Entre las alternativas existen los centros de día, centros de salud mental, centros comunitarios y "muchísimos servicios que no son tan totalitarios o tan macro como un hospital psiquiátrico. Hay que pensar en dimensiones micro, como un departamento protegido con cinco personas (son departamentos donde conviven pacientes supervisados por especialistas), contra una estructura con quinientas personas. El gasto es el mismo, o incluso puede ser menor", señala.
 
Fuente: clarin.com 10/10/2018
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