Hipertensión mal controlada: 7 de cada 10 argentinos no saben que la sufren o la tratan mal

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Crecen los riesgos. Surgen de un relevamiento a casi 70 mil personas en todo el país. Los expertos dicen que muchos médicos no le dan a la enfermedad la importancia que tiene.

 
La hipertensión es el principal factor de riesgo cardiovascular. Según los especialistas, en la gran mayoría de los casos resulta asintomática pero daña y mucho. Es clave tener la enfermedad controlada; sin embargo, siete de cada diez de los que la sufren no logran hacerlo. El dato surge en el marco de una campaña de la Sociedad Argentina de Hipertensión Arterial (SAHA), que midió la presión de casi 70 mil personas. Advierten que, en muchos casos, no le dan la importancia que merece: eso aplica para muchos pacientes y algunos profesionales de la salud. Además, señalan los expertos, existe la falsa creencia de que con un cambio de hábitos es suficiente para evitar complicaciones.
 
Del total de los que se acercaron en forma voluntaria para chequear su presión (68.633) en 60 centros de salud del país en mayo de este año, cerca del 32%, unas 21.825 mayores de 18 años, presentaron niveles elevados. Casi cuatro de cada diez (37,7%) de los hipertensos no sabían que lo eran, un 27,4% estaba en tratamiento pero sin lograr un buen control de la enfermedad y un 3,1% no estaba recibiendo ningún tipo de medicación.
 
No hay una única causa para explicar la falta de control de la enfermedad. Los especialistas consultados dicen que es multifactorial. “En más del 90% no produce síntomas. Por eso, ocurre que algunas personas comienzan el tratamiento y, con el tiempo, lo dejan porque se sienten bien. También hay gente que toma muchos medicamentos, no tiene plata para pagarlos y suspende los de la hipertensión para priorizar los de otras patologías”, sostiene a Clarín Marcelo Orías, vicepresidente de la World Hypertension League y jefe del servicio de Nefrología del Sanatorio Allende de Córdoba.
 
"Esta enfermedad va afectando las arterias de todo el cuerpo, es decir, los vasos que llevan la sangre oxigenada a los tejidos. Se pueden cerrar a la altura del cerebro y provocar un ACV, cerca del corazón y generar un infarto o en los riñones y que derive en la necesidad de diálisis o hasta un trasplante”, agrega sobre algunas de las posibilidades.
 
 
Los médicos tienen su cuota de responsabilidad. "En algunos casos subestiman la verdadera dimensión de la hipertensión y confían en que sólo con dieta y ejercicio van a estar bien”, dice Judith Zilberman, presidenta de SAHA y especialista en Cardiología e Hipertensión. El otro inconveniente, destaca la experta, tiene que ver con el escaso tiempo de atención: “El promedio de consulta por paciente es de entre 10 y 20 minutos. Muchas veces no alcanza para revisarlo, ver estudios, indicar el tratamiento y educarlo sobre las estrategias a seguir”.
 
La mala adherencia del paciente al tratamiento, suma Zilberman, también puede estar relacionada con “algunos efectos adversos de la medicación o casos de olvidos involuntarios”. “A su vez, sobrevuela la idea de que tomar más pastillas es igual a estar más enfermo. Por esto, están los que quieren dejar la medicación o reducir la cantidad de drogas”, dice la especialista.
 
Marcos Marín, que es cardiólogo especialista en Hipertensión Arterial y coordinador de la campaña que dio cuenta de este escenario sobre la presión arterial de los argentinos, asegura que los chequeos son fundamentales. “Es una enfermedad muy prevalente: la tiene uno de cada tres argentinos. En los controles anuales el médico debe verificar la presión de su paciente y, en caso de que los parámetros superen la media, empezar a estudiarlo”, dice Marín.
 
La recomendación para los que tienen diagnóstico y están en tratamiento es respetar la frecuencia de visitas establecidas por el médico. “Depende del especialista. Yo suelo hacer un chequeo mensual hasta llegar al control, es decir, a que el paciente tenga menos de 140/90. Y después, encuentros cada tres o seis meses. Una vez al año, se puede hacer un monitoreo ambulatorio de presión arterial de 24 horas”, indica Marín, que insiste sobre la importancia de no dejarse estar.
 
Tomó conciencia después de un infarto
Se cansaba al caminar. En 2005 dice que empezó con los mareos. Dos años después, se infartó. “Fue en abril, tenía a una persona haciendo arreglos en mi casa de Monte Grande y me pidió que lo ayudara levantando una bolsa de arena”, recuerda Carlos Cirulli (79). Lo siguiente que sintió fue un fuerte dolor en el hombro izquierdo. Ya en el Hospital Policlínico Bancario, de Caballito, al que llegó en ambulancia le confirmaron que había sufrido un paro y le colocaron un stent.
 
“Antes del infarto no le daba mucha importancia al tema de la presión. No me cuidaba, comía alimentos ricos en grasas y sal, tenía una vida sedentaria”, dice Cirulli, que se vio obligado a hacer un cambio radical.
 
Dice que se asustó mucho y que, recién después de ese episodio, tomó conciencia de que tenía que modificar sus hábitos y cumplir con la medicación. “Empecé un régimen especial, sin sodio y con hierro. Ahora salgo a caminar pero estoy atento a no levantar peso. Mi señora me manda a hacer compras, siempre con el carrito”, sigue Carlos, que está jubilado.
 
Va cada seis meses al médico, cuenta que le tocó visitarlo ayer, que le llevó estudios y lo felicitaron. “Me hice exámenes de sangre y me dieron bien. Estoy contento. Tengo ok el colesterol. También me tomaron la presión y está todo perfecto”, comparte con alivio.
 
Es hipertensa desde la adolescencia pero estuvo años sin controlar la enfermedad
El primer pico de presión lo tuvo en la adolescencia y lo vinculó a “una situación de estrés por estudio”. María Inés Weibel (67) tenía antecedentes de hipertensión en su familia. Sin embargo, lo tomó como algo pasajero. Le dieron medicación y, según recuerda, al tiempo se la sacaron. Pero los episodios continuaron, muy espaciados. “Aparecían cada tanto hasta mis 30 años cuando quedé embarazada. Tuvieron que programar el parto por cesárea y antes de tiempo por este tema”, sigue María Inés que, incluso frente a esa situación, no se dio cuenta del riesgo que implicaba para su salud vivir sin su presión controlada.
 
“No tenía médico de cabecera, me iba a atender por guardia, tomaba un tiempo remedios y después entendía que estaba todo bien. Comía con poca sal, para mí eso era suficiente para estar controlada, no me daba cuenta de que se trataba de una enfermedad crónica”, dice.
 
En 1999 empezó a trabajar como directiva en el jardín que depende del Hospital Argerich. “En ese contexto, me hicieron estudios y me dio que tenía una intoxicación en el hígado. Tuve que dejar las pastillas que estaba tomando, entre ellas, unas para la hipertensión. Fue entonces que arranqué de cero, con especialistas serios que me ayudaron a sostener un tratamiento hasta hoy”, cuenta Weibel.
 
“Recién entonces comprendí que era algo que me iba a acompañar toda la vida. Así que cambié la actitud: ahora tomo tres medicamentos por día, hago gimnasia en el agua, meditación y bajé mucho de peso. Cada seis meses voy a un control”, detalla. Y agrega: “Antes me ponía pálida, sentía frío y que la cabeza me iba a estallar con cada episodio. Por suerte, no me volvió a pasar”.
 
Fuente: clarin.com 9/10/2018
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