La Agencia: ¿Una utopía?

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Por el Dr. Rubén Torres - Rector Universidad ISALUD
 
El proyecto de reforma laboral incluía (insólitamente) la creación de la Agencia Nacional de Evaluación de Tecnologías Sanitarias (AGNET), en la desacertada creencia de que la disminución de la litigiosidad contra OO.SS. y prepagas, es su objetivo central.
 
Si bien deseable, el principal es mejorar la equidad y eficiencia de nuestro sistema de salud.
Objetivos, que no se solucionan tampoco con las decisiones de la Justicia, que cuando resuelve que debe cubrirse determinado tratamiento al que recurre a ella incurre en una discrecionalidad ignorando que el costo de esa decisión equivale a otros miles de tratamientos que se dejan de cubrir, si no se toma en cuenta la efectividad de los mismos. Estas decisiones deben ser tomadas de manera racional para evitar esta discrecionalidad, y ése es uno de los objetivos centrales de una agencia.
 
También se ha mencionado que la Agencia podría limitar la posibilidad de que el Congreso incorpore por ley nuevas prestaciones al PMO. Mas allá de la conveniencia de esta práctica, ausente en países desarrollados (lo cual habla además de la debilidad de rectoría de nuestro ministerio de salud); la Agencia constituirá un aporte de racionalidad a decisiones parlamentarias que muchas veces ignoran el impacto presupuestario y prioridad epidemiológica y sanitaria de muchas de las prácticas legisladas; la ETS (Evaluación de Tecnologías Sanitarias) como análisis sistemático podrá ayudar a los legisladores para que la respuesta sea una decisión sustentada en evidencia (a muchos de ellos les sorprendería descubrir a través de la epidemiologia, la escasa fracción de mejoría en salud poblacional atribuible a intervenciones por ellos propuestas que diariamente pagamos).
 
Esto nos aproximaría a una sociedad madura, justa y confiable, especialmente cuando se afectan presupuestos públicos sin control ni evidencias, con el estandarte de un facilismo que llevó al país a vivir desde hace décadas por encima de nuestras posibilidades, y pagarlo con una desigualdad creciente. Hace algunos días, miles de jóvenes despertaron a la política con la discusión sobre el aborto - más allá de su convicción “verde o celeste”- con la sesión del Senado, y se asomaron por primera vez al oportunismo, mediocridad y en muchos casos, ignorancia profunda de una dirigencia que espanta.
Hoy en todo el mundo, incluyendo América latina, hay agencias nacionales de ETS, y preocupación por mejorar efectividad y eficiencia de los tratamientos, a la vez de hacer sustentables y equitativos los sistemas de salud poniendo criterios claros sobre como incorporar nuevas tecnologías para hacer que lleguen a todos los que las necesitan sin que el sistema de salud se haga insustentable.
 
En un país que desde su origen, confunde lo que verdaderamente es con sus deseos, y el desfase entre vivir como “deseamos” y “podemos “cristalizó 2 sociedades: una pequeña que vive con estándares del primer mundo y otra cada vez más amplia que se empobrece hasta el límite de la civilización, el rol más importante de una agencia, no es la ETS sino el poder de convocar actores, con intereses contrapuestos de un sistema heterogéneo y fragmentado para definir juntos qué es excelencia clínica en cada caso, amalgamar intereses y orientar el sistema en la dirección correcta más allá de circunstanciales políticas de cobertura.
La Agencia se necesita para tener un sistema de salud más justo; es una herramienta necesaria para hacer política pública en salud integrada y transparente; para ayudar a quien tiene la amarga tarea de juzgar entre alternativas con presupuestos limitados y bajo presiones varias, a tomar las decisiones más fundadas y justas, cuando requiere priorizar, y llegar a una solución frente a problemas distributivos complejos, donde no es posible lograr un acuerdo que convenza a todas las partes. 
 
De todos modos, conviene recordar que es sólo una herramienta: una evaluación, aun basada en datos de calidad, y hecha por los mejores profesionales, deberá vincularse con la verificación de qué sucede realmente en el terreno y si está llegando a todos los pacientes cuando lo necesitan. Así, en algunos casos incorporar la última quimioterapia para cáncer avanzado no contribuye a resultados si no aumentamos antes la posibilidad de acceder a diagnóstico temprano, y en otros, el uso racional de una tecnología implica tener acceso oportuno a servicios en una red bien integrada y gestionada.
La evaluación debe aumentar la posibilidad de que sea para todos más allá de que cueste más: nada debe considerarse caro, si excelencia clínica y calidad de atención están garantizadas para todos, pero no se puede pagar por todo, sin considerar costo y excelencia, que como clara y yema van juntos, pero no son lo mismo.
Lograr equilibrio entre quienes, en un extremo, no consideran costos y deciden pagar por todo (situación imposible y además contraproducente), y quienes piensan que la calidad está muy bien, pero es demasiado cara para la Argentina necesita ser económicamente sustentable y políticamente viable: la verdadera innovación debe alcanzar a todos los que la necesitan, y deberá definirse claramente cuáles son las condiciones de cobertura para que se aplique en aquellos que puedan beneficiarse. 
 
Hubo también propuestas de que “la filosofía que guíe a esta agencia debe ser incomodar a los grandes laboratorios multinacionales”. Tan absurdo, como las decisiones de aquellos que han aprobado por ley coberturas que no tienen ningún respaldo de efectividad, garantizándolas para aquellos que tienen obras sociales y prepagas, ignorando al tercio de argentinos de la peor condición que siguen sin poder acceder a servicios mínimos.
 
Solo una Agencia, construida de manera impecable con personal idóneo y libre de presiones, será capaz de lograr el respeto necesario para llegar a acuerdos que beneficien a todos, y no será sólo la probada capacidad técnica de sus investigadores ni su metodología avanzada lo que la sostendrá ante las inevitables tempestades que siguen a algunas decisiones, sino su impronta de excelencia y su capacidad de inspirar confianza. Y este no es principalmente un problema técnico. La ETS es un proceso técnico; la priorización uno político. Si la Agencia no logra representar esto no gozará del poder para convocar diversos intereses, corroborar si tienen compromiso genuino con la salud para todos, y lograr precios responsables donde todas las partes se benefician y el acceso a tecnología innovativa no se ve demorado innecesariamente y es accesible para todos.
 
Sería bueno, además, que ayude a que la salud esté en los medios, la agenda pública y política: discutir porque, si gastamos cerca de 10% del PBI en salud, parte de la población sobreconsume servicios muchas veces innecesarios y otra no accede a los indispensables; o porqué 1/3 del gasto se va en medicamentos sin resultados sanitarios. Que se genere definitivamente un impulso de cambio que fortalezca la endeble constitución moral de la sociedad, orientando las costumbres hacia el bien general.
 
Fuente: revistamedicos.com.ar 26/9/2018
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