La obesidad infantil, ya es una epidemia en la Argentina

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Por Fiorella Tartaglione
En la Argentina nos encontramos frente a una epidemia, liderando el ranking regional de obesidad infantil.
Según el Panorama de Seguridad Alimentaria y Nutricional de la Organización Panamericana de la Salud/Organización Mundial de la Salud (OPS/OMS) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), 1 de cada 10 niños menores de 5 años padecen esta enfermedad en nuestro país. En tanto, la última Encuesta Nacional de Factores de Riesgo mostró que entre 2005 y 2013 la obesidad en los adultos aumentó más de un 40%, probablemente coincidiendo con un cambio tanto en la alimentación como en los hábitos.
La obesidad en la niñez se debe a la combinación de varios factores, principalmente a la alimentación (su cantidad y fundamentalmente su calidad). Y a ello se suman, el sedentarismo y el descanso inadecuado.
Esta enfermedad tiene peligrosas consecuencias, ya que incrementa el riesgo de insulinoresistencia, diabetes, hipertensión arterial, dislipemia, enfermedad cardiovascular y cáncer. No solo esto, sino que además puede causar baja autoestima, depresión y aislamiento social.
 
 
 
Frente a este panorama, en el que 4 de cada 10 chicos tiene sobrepeso, la mitad de ellos ya 
presenta algún factor de riesgo cardiometabólico. Es decir que estamos creando un futuro de adultos obesos y con graves consecuencias para la salud.
 
 
 
¿Esta epidemia tiene solución?
La obesidad es un fenómeno global y prácticamente en todo el mundo ya se han puesto en práctica acciones para detener este complejo problema. Muchas de éstas han fracasado, como sucedió en Estados Unidos con la campaña ¨Let´s Move!¨,  la cual no pudo frente a la industria alimentaria. Pero por otro lado hay esperanzas al ver que ciudades como Ámsterdam han logrado reducir la obesidad infantil o países como Japón que obtuvieron uno de los menores porcentajes de obesidad adulta de los Estados desarrollados, mediante políticas integrales que abarcan diversas estrategias. 
 
La educación desde los primeros años de vida es fundamental para formar hábitos saludables que perduren a lo largo de la vida y así prevenir desde la infancia estas enfermedades crónicas no transmisibles.
 
Tenemos una misión: construir un futuro saludable. Pero está demostrado que las decisiones individuales no son suficientes, solo va a ser posible con un fuerte compromiso de toda la sociedad, es decir del Estado, la familia, la escuelas y la industria.
 
 
*Dra. Fiorella Tartaglione, médica cardióloga (MN 144.259)
 
Fuente: clarin.com 27/8/2018
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