El médico y su responsabilidad sobre el paciente: prevenir el error y asistir con lo mejor

Compartir en Facebook Compartir en Twitter Compartir en WhatsApp

Toda práctica médica reviste la peculiaridad de que sus decisiones o acciones profesionales recaen sobre un tercero: el paciente. Por Alejandro Risso Vázquez
 
El aumento de las demandas a médicos, acusados de falta de responsabilidad, no es un tema nuevo para la actividad asistencial que llevamos adelante quienes ejercemos esta profesión. Esto comenzó a hacerse más notorio a mitad de la década del 80, y tuvo un crecimiento exponencial en los últimos años, llegando a alcanzar a todo el universo de las especialidades.
 
El análisis de las demandas muestra dos particularidades excesivamente reiteradas: el 80,71% de las acciones se iniciaron sólo en el fuero civil, persiguiendo exclusivamente un fin pecuniario; el 90,41% de las causas fueron promovidas con el otorgamiento de litigar
sin gastos de la parte demandante.
 
En todos los procesos se realiza una demanda sobre el profesional y allí intervendrá un juez que, en base a las pruebas documentales y testimoniales y a las pericias que se soliciten, elaborará un dictamen o sentencia, donde el profesional del arte de curar tendrá o no culpa por su accionar sobre su demandante.
 
 
 
Argentina, entre los países con más muertes por errores en los tratamientos médicos
 
En el área Médico–Legal es importantísima la actividad del perito: será quien, en base a pruebas (documentación, exámenes y autopsia), elaborará un informe. Ahora bien: para realizar una buena pericia, el perito necesita documentación. Si bien la pericia no
obliga al Juez a tenerla en cuenta en casos donde la víctima es el paciente, una buena pericia tiende a ser inobjetable para el juez.
 
Debe existir una Historia Clínica, con los diagnósticos de ingreso, diagnóstico durante la evolución, diagnóstico al egreso, evolución diaria, interconsultas, complicaciones, indicaciones y las hojas de enfermería (controles-indicaciones).
 
Para el caso de los pacientes quirúrgicos, la evaluación preanestésico, parte anestésico y parte quirúrgico. Además, suelen ser elementos objetivos de diagnóstico.
 
Asímismo, deben estar los exámenes complementarios, realizados con objetivos específicos, y con resultados certificados por un profesional idóneo (por ejemplo,
en el caso de los laboratorios, deben estar avalados por el director técnico del laboratorio). Y también los estudios realizados por el área de diagnóstico por imágenes.
 
 
 
Primero no dañar: en medicina, más no es mejor y el riesgo cero no existe
 
Todo ésto es una documentación inobjetable, que además de estar respaldada por especialistas idóneos.
 
Todo este proceso demuestra que muchos de los factores no dependen del médico sino del medio y de los procesos que lleve a cabo el médico hasta llegar a realizar un tratamiento o un estudio invasivo, como, por ejemplo, una endoscopía.
 
Se debe tener en cuenta que todo procedimiento que se lleve a cabo no es inocuo y que las complicaciones ligadas al accionar médico, del propio procedimiento o de las complicaciones que pueda ocasionar en el paciente, se deben tener en cuenta en todo momento
 
El cuidado del paciente debe ser el principal compromiso del profesional de la salud y las instituciones de salud médica, ejercido con responsabilidad, pericia, equidad, calidad y calidez a su persona.
 
Toda práctica médica reviste la peculiaridad de que sus decisiones o acciones profesionales recaen sobre un tercero: el paciente.
 
 
 
Los médicos y la familia ante los límites de la ciencia: el derecho a la muerte digna
 
El error médico y sus consecuencias actuales
Podríamos definir que una “buena práctica médica” está formada por las decisiones que se ajustan a las reglas o normas dictadas por expertos y las actitudes que satisfacen las expectativas de los pacientes y cumplimentan las exigencias de la ley. Es la manera de evitar la dilapidación inútil de recursos y de cuidar a todos los que intervienen en el proceso de salud.
 
El ejercicio de la medicina podría definirse como una actividad falible que maneja dos racionalidades posibles: una, la de la búsqueda del menor error posible y la otra, la del mayor beneficio probable
 
No existen procedimientos normatizados para la totalidad de las actividades médicas que el profesional debe afrontar permanentemente, aún en el ámbito de la especialización. La
responsabilidad médica indica que el médico responderá cuando cometa un error científico objetivamente injustificable para un profesional de su categoría o clase.
 
Para darnos cuenta la dimensión del error médico podemos decir que consume el 0.72% del gasto en salud de un país y es la cuarta causa de muerte en USA:
 
El 90% es prevenible.
El 40% lo integran infecciones postoperatorias y úlcera por presión.
El 65% provienen de una falla en la comunicación.
El 10% proviene de una negligencia de las personas que intervinieron.
El 10% resultan de problemas mixtos en los involucrados.
El 80% proviene de un fallo del sistema.
En el 10% del error médico que proviene por negligencia de los profesionales que intervinieron (por impericia, negligencia o deber de saber, que es el deber del médico de estar al día desde el punto de vista técnico, para poder prestar la atención adecuada a cada enfermo (Lex artis).
Las causas del error además pueden ser:
 
Un error patente: cuando fallan las personas. Aparecen en forma recurrente y vinculado a factores como: formación, distracción, interrupciones, estrés, fatiga, fallo personal de comunicación, defectos instrumentales, malas condiciones laborales, defectos en la arquitectura, falla de memoria, negligencia, falta de protocolos.
Un error latente: cuando es un defecto en la organización, como un problema en el proceso de la comunicación dentro de la organización o en el diseño del proceso asistencial. O cuando no se controla con estrategias de prevención, interceptación, mitigación y rediseño del proceso asistencial.
Por ello, el error médico puede llevar a la Mala Praxis (Mala Práctica Médica) cuando la actuación médica NO se adecúa a los conocimientos vigentes de la Medicina, por ignorancia o por desidia, imprudencia o mala organización, que provoca una lesión en el
paciente un daño transitorio permanente o inclusive la muerte.
 
 
 
El equipo de salud en terapia intensiva: un agotamiento inhumano y riesgoso
 
Por ejemplo, no realizar un procedimiento ante una emergencia donde la lesión causada por la actuación médica puede generar daño sino se repara las complicaciones de ese procedimiento.
 
Así, la responsabilidad médica, entendida como el deber de atender, de reparar lesiones iatrogénicas y los demás deberes positivos del médico, es juzgada por los tribunales cuando éstas son debidas a negligencia.
 
Es obligación de los médicos dar cuenta ante la sociedad por los actos realizados en la práctica profesional cuya naturaleza y resultados sean contrarios a sus deberes, por incumplimiento de los medios y/o cuidados adecuados en la asistencia del paciente
adquiriendo relevancia jurídica.
 
Al parecer, el error médico es algo inevitable: ya sea que no causen un gran daño y se puedan revertir de manera fácil o que nos marquen de por vida por la mala praxis ejercida ante la impericia de no saber o no poder actuar ante una emergencia, en la cual tenemos responsabilidad de atender por nuestra expertis o conocimiento sobre el paciente.
 
Dr. Alejandro Risso Vázquez. Perito Medico oficial. Especialista en Medicina Interna. Especialista Universitario en Medicina Crítica y Terapia Intensiva. Medicina Legal.
 
Fuente: buenavibra.es 25/2/2018
Su voto: Nada

Enviar un comentario nuevo

El contenido de este campo se mantiene como privado y no se muestra públicamente.